Los Archivos del Pentágono (2017)

 

La pluma contra la espada.

Que la seguridad nacional de cualquier país se base (casi en exclusiva) en los secretos, es una de las mayores aberraciones que ha abrazado la humanidad en sus muchos años de desquiciada existencia sobre el planeta. No se construye justicia e igualdad sobre información clasificada no disponible para el público general. En este sentido, el que tolere o crea que gobernar ha de estar ligado a la manipulación, la ocultación y el modelado de la opinión pública, y que el poder debe actuar (siempre) a espaldas del pueblo para garantizar la estabilidad del estado, no puede más que declararse secuaz y colaborador necesario de la opresión y el totalitarismo. Es entonces, instantes antes de que estos postulados fascistas alcancen la categoría de dogmas aceptados por la mayoría, cuando el papel fundamental del periodismo en el equilibrio de poder adquiere especial relevancia. O adquiría, porque en este mundo de anestesiada opinión pública, de escándalos de corrupción diarios, sometimiento e injusticia –en la España controlada por los herederos del franquismo y la involucionada América de Donald Trump–, donde ya poco se publica sobre los desmanes del poder, casi nadie presta atención a ese diminuto hilo de verdad que aún se puede leer negro sobre blanco.

El pulso que plantea Steven Spielberg en la muy necesaria “The Post” (aquí “Los Archivos del Pentágono“, porque somos más cortitos), va más allá de la batalla legal y moral de un par de periódicos contra una administración en concreto. Su película enfrenta la política de estado de una nación organizada en torno a los poderes bélicos y la economía de la guerra, con los valores democráticos representados por la libertad de prensa. Además, Spielberg se sirve de una de esas extraordinarias casualidades históricas, que sitúa el combate justo cuando el Washington Post salía a cotizar en Bolsa, para introducir en la trama otro ominoso tentáculo –del mismo monstruo– que también constriñe al periodismo crítico y libre: el capitalismo. En la narración encontramos apuntes no menos destacados, como la separación de poderes, visibilizar la figura femenina en el periodismo de la época o la relación (personal y profesional) que se establece entre periodistas y poderosos. Todos estos elementos encuentran su hueco en esta carrera contrarreloj para publicar (revelar) el engaño masivo acerca de la guerra de Vietnam (de la política de injerencias en el extranjero de los Estados Unidos en general), que acaba trasformada en una pelea ética y judicial para evitar la mordaza de Richard Nixon (todo ello antes del caso “Watergate”).

En la sentencia a favor del New York Times y el Washington Post se puede leer: “Los padres fundadores dieron a la prensa libre la protección que debe tener para cumplir su papel esencial en nuestra democracia. La prensa debería servir a los gobernados, no a los gobernadores”. Recuerdo ver de pequeño “Todos los Hombres del Presidente“. Recuerdo leer acerca de Woodward y Bernstein siendo yo adolescente. Recuerdo a Ben Bradlee (que en aquella ocasión atendía a los rasgos de Jason Robards). Recuerdo pensar en lo maravilloso que debe ser tener la verdad en tu mano y arrinconar toda la vileza y corrupción del poder con su fuerza desbordada. Es una idea romántica e inspiradora, sin duda, como la película de Spielberg, sobre todo ahora que la perspectiva que nos cede el tiempo otorga aún más notoriedad a todo lo que hemos perdido por el camino. Y es este el mayor peligro que corremos, al relegar estos ideales irrenunciables a la categoría de fábula distante. Decía Orwell que “el periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”. Hoy día, Jeff Bezos, el multimillonario fundador de Amazon, es el propietario del Washington Post. Llevar a los periódicos a juicio no funcionó; comprarlos si lo hizo. La distopía es ahora.

Manu Castro (8/10)
@ManuCastroLSO
(26-02-2018)

 

• Lo mejor: Su dinámica a la hora de abordar todo lo intrincado de una trama y unos diálogos que son un desenfreno maravilloso.
• Lo peor: No aplicar sus lecciones a este presente de manipulación absoluta.

 

 

Título Original: The Post | Género: Drama | Nacionalidad: Reino Unido / USA | Director: Steven Spielberg | Actores: Meryl Streep, Tom Hanks, Sarah Paulson | Productor: Kristie Macosko Krieger, Amy Pascal, Steven Spielberg | Guión: Liz Hannah, Josh Singer | Fotografía: Janusz Kaminski | Música: John Williams | Montaje: Sarah Broshar, Michael Kahn

 

Sinopsis: Estados Unidos, 1971. El director del Washington Post Ben Bradlee (Tom Hanks) y la editora Katharine Graham (Meryl Streep) descubren una filtración con documentos que demostraban que la administración del presidente Lyndon B. Johnson había mentido a los ciudadanos sobre la guerra de Vietnam. Tras la decisión de este periódico de publicar los Papeles del Pentágono, se produce un gran escándalo y una batalla sin precedentes entre periodistas y Gobierno. Esta polémica revelación llegó incluso a dañar a la administración del sucesor de Johnson, Richard Nixon.