T2: Trainspotting (2017)

 

En busca de nostalgia, falsa redención, traición y venganza.

Madrugas, te duchas, desayunas y te vas a perder el tiempo a tu trabajo basura, a consumirte. La rutina del zombi. Justo todo lo que rechazaban los muchachos de Leith en los noventa. Ellos escogieron otra cosa, escogieron la heroína. Un grifo gotea, cambias tus VHS por DVDs o discos Blu-Ray, los vinilos por un iPod y cuando te das cuenta, han pasado veinte años. Giras la cabeza, evitando lo que tienes frente a ti, lo que te espera, y escudriñas en tu vida anterior, navegando por recuerdos idealizados para enmascarar la puñetera mierda de presente que te ha tocado vivir. La nostalgia es un colocón socialmente aceptado, una droga muy jodida que nos impide avanzar por ese camino empedrado que se tiende a nuestros pies. Ahora los yonkis somos nosotros, adictos que rechazan la realidad, y los de Leith, bueno, los de Leith siguen a su peculiar rollo. Danny Boyle y John Hodge nos proporcionan un revelador chute de esa anhelada nostalgia, en la forma de secuela camuflada de falsa adaptación –hay poco del “Porno” de Irvine Welsh aquí–; una dosis que quizá nos permita asumir y vencer nuestra dependencia. Así que, por encima de la hipocresía y la superficialidad de las redes sociales, superando el cinismo y el consumismo de nuestros días, elige la vida otra vez, busca un propósito y hazte adicto, respira y tira pa’lante hasta el día en que la palmes. No sé vosotros, pero a mí me reconforta –aunque de manera algo extraña– la filosofía que emerge de esta visión despreocupada del mundo moderno. Añorado nihilismo de aguja hipodérmica: “¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?”

T2: Trainspotting” vuelve a ser una experiencia vitalista, que ahora mira, con una mueca sonriente en el rostro, al pasado de unos personajes que intentan asumir –que no corregir– sus equivocaciones pretéritas, sus decisiones desacertadas, para encarar, de la manera que sea, un presente vacío de propósitos (más allá de algún plan disparatado). No les falta la decisión y energía suficientes para seguir cometiendo los mismos errores, mientras tropiezan con algunos nuevos. La mediana edad les alcanza. Renton (Mark) sufre un episodio cardíaco y le sobreviene –de manera algo ambigua– todo el peso de la culpa; Sick Boy (Simon) sucumbe a un desatado complejo de Peter Pan; Spud (Daniel) continúa enganchado y cae en una profunda depresión; y los problemas de disfunción eréctil de Begbie (Francis) amargan su huida de prisión. Escocia ha cambiado poco, a pesar de su europeísmo. Las antiguas zonas industriales de Edimburgo ahondan en su decadencia. Ahora hay más gilipollas en pubs y discotecas. Pero ellos siguen siendo unos colgados, aún empeñados en demostrar que madurar no es más que una absurda obligación, una deleznable imposición. Entre la redención y la venganza, este cuarteto de sujetos descerebrados recupera su ecosistema de chanchullos y pintorescos delitos, con todo el carisma de sus años mozos, escalando con firmeza una pared de autoreferencias que establece un fluido diálogo con la primera película y funciona como sentido homenaje a aquella obra de culto –a pesar de algún desliz excesivamente complaciente–. Ha sido estupendo coincidir de nuevo con estos tipos, veinte años después.

Manu Castro (8/10)
@ManuCastroLSO
(27-02-2017)

 

• Lo mejor: El cuarteto protagonista. La visita al pub de los protestantes. El encuentro en los retretes.
• Lo peor: No ponderar el grado de exigencia para con ella.

 

 

Título Original: T2 Trainspotting | Género: Drama / Comedia | Nacionalidad: Reino Unido | Director: Danny Boyle | Actores: Ewan McGregor, Ewen Bremner, Jonny Lee Miller | Productor: Bernard Bellew, Danny Boyle, Christian Colson | Guión: Irvine Welsh, John Hodge | Fotografía: Anthony Dod Mantle | Música: – | Montaje: Jon Harris

 

Sinopsis: Han pasado 20 años. Muchas cosas han cambiado, pero otras muchas siguen igual. Mark Renton vuelve al único sitio que considera su “casa”. Allí le esperan: Spud, Sick Boy y Begbie. Otros viejos amigos también le esperan: pena, fracaso, alegría, venganza, odio, amistad, amor, deseo, miedo, remordimiento, diamorfina, autodestrucción y peligro mortal, todos ellos alineados para darle la bienvenida, preparados para unirse al baile.