70 Minutos para Huir (1988)

70 Minutos para Huir (1988)

 

El fin del mundo es ahora, esta noche.

A principios de los años ochenta, Steve DeJarnatt escribió un guión extraordinario que a punto estuvo de acabar en el limbo de lo cinematográfico. En 1983, el American Film Magazine lo eligió como uno de los diez mejores guiones jamás realizados. La Warner compró los derechos sobre el texto, con vistas a una superproducción que jamás llegó a realizarse. Pasaron los años y el libreto entró a formar parte de la dilatada lista de proyectos malditos hollywoodiense, aquellos que, por una razón u otra, nunca llegan a rodarse. Harto de contemplar tal desperdicio creativo, DeJarnatt tomó la decisión de adaptar su obra él mismo. Así pues, recuperó los derechos de su propio guión y lo reescribió para un presupuesto mucho menor –unos cuatro millones de dólares de 1988–. Para cuando la película llegó a las salas comerciales, la Guerra Fría tocaba a su fin y con ella (al parecer) la posibilidad de un conflicto termonuclear a escala planetaria. El público de la época ya no estaba para Apocalipsis atómicos. Antes de la caída del muro de Berlín, el film ya se había desmoronado por completo en la taquilla, arrastrando consigo la carrera de su director –responsable también de la comedia de ciencia ficción “Cherry 2000“, con Melanie Griffith–. Hablamos de “Miracle Mile” –que en España conoció dos títulos alternativos, “70 Minutos para Huir” y “Setenta Minutos para Morir“–.

Harry Washello (Anthony Edwards, antes de triunfar como protagonista de la serie de televisión “Urgencias“), pasea por el Museo de Historia Natural de Los Ángeles. Allí se enamora a primera vista de Julie Peters (Mare Winningham). El sentimiento es mutuo. Los dos tortolitos pasan todo el día juntos y quedan para volver a verse esa misma noche. Harry se va a su apartamento, ajusta el despertador y se echa una siesta antes de la cita. Por desgracia, un desafortunado suceso provoca un apagón en el edificio. El despertador no suena y Harry se despierta horas después. Al no poder contactar con Julie, decide ir a buscarla al restaurante donde trabaja como camarera. Son las 4 de la madrugada y en la cafetería nos encontramos con un variopinto grupo de personajes. Julie, por supuesto, no está allí. Se ha ido a su casa, contrariada por el plantón. Harry se toma un café, sale a tomar el aire y medita sobre los percances de una noche que difícilmente podría ir peor. Entonces suena el teléfono de una cabina cercana. El sonido incesante y la curiosidad, hacen que Harry descuelgue el auricular. Al otro lado de la línea un hombre habla rápido, con un tono nervioso. Los americanos han iniciado el ataque; la respuesta soviética es inevitable. La guerra nuclear ha comenzado. Los misiles llegarán a Los Ángeles en setenta minutos. Un trago difícil de asumir.

Cómo reaccionarías tú, si al descolgar un teléfono público, a las tantas de la madrugada, un tipo que habla desde un silo de misiles nucleares te dijera: “Eh, amigo, la partida se acaba en hora y diez minutos”. Ahora no sería posible, al menos tal y como sucede en el film que nos ocupa, porque ya casi no quedan cabinas en las calles, pero utilicemos la imaginación. Yo me hago caca encima sólo de pensarlo. Aún recuerdo el miedo y la angustia de mí primer visionado. Porque lo más aterrador de la película dirigida por Steve De Jarnatt, es la persistente sensación de que la hipotética situación que se narra en film, está extremadamente próxima a lo que sucedería en la realidad. Spoilers. A Harry le dicen que se vaya a dormir –tras escuchar como asesinan al militar que realizó la llamada–. De vuelta en el restaurante, Harry trata de explicar la información que acaba de recibir, sorteando la incredulidad de los allí reunidos. En pocos minutos pasamos del estupor y la indiferencia inicial, a la más desesperada carrera por huir del holocausto atómico. La posibilidad de que el mundo se acabe lleva a los personajes a unos límites próximos a la locura, y a situaciones rematadamente absurdas donde, por ejemplo, una camarera y un barrendero son los encargados de realizar una lista de personas relevantes y eminencias que deberían ser avisadas en tales circunstancias -¿tienes su número de teléfono?-. El improvisado viaje a la Antártida, para escapar a la radiación, incide en ese clima de desesperación y disparate.

Entre tanto, Harry tiene como única misión el encontrar al amor de su vida, algo que ya apunta al desenlace trágico de la cinta. Porque esta es una historia (muy) desoladora. Se trata de un film que, a diferencia de otras películas catastrofistas sobre la guerra atómica, nos hace una advertencia de veras contundente: si algún día llegara a suceder algo similar, no sonarán las sirenas, no habrá planes de evacuación o refugios preparados, todo ocurrirá de repente, como en la pesadilla neblinosa de tonos anaranjados que describe esta narración. Los misiles entrarán por la puerta de atrás, a espaldas de todo el mundo (con excepción de la “élite” genocida que ostenta el poder). Una hipótesis donde la gente corriente se despertaría abrasada por el fulgor de los hongos nucleares. El pesimismo acerca de la no supervivencia de la especie humana enfrentada a tal devastación, llega al extremo con una frase pronunciada por el personaje de Anthony Edwards en respuesta a la pregunta de Julie: “La gente se ayudará a reconstruir el mundo, ¿no te parece? Me refiero a los supervivientes”. “Esta vez les toca a los insectos”, responde él. Suenan los hipnóticos acordes de Tangerine Dream, preludio de la hecatombe; porque si se tiene que acabar el mundo, que al menos sea con una buena banda sonora de fondo. Trasformada con el paso de los años en película de culto, “Miracle Mile” es una experiencia que no os dejará indiferentes.

Manu Castro (8/10)
@ManuCastroLSO
(12-12-2002)

 

• Lo mejor: La cotidianidad de esta noche para el fin del mundo.
• Lo peor: Su escasa difusión fuera de ciertos círculos cinéfilos.

 

¿Sabías que…? Tras abandonar Warner el primer intento de adaptación, se tomo en consideración el argumento de “Miracle Mile” para ser la historia central de la versión cinematográfica de “En los Límites de la Realidad” (The Twilight Zone), algo que, al final, también se descartó.

 

70 Minutos para Huir (1988)

 

Título Original: Miracle Mile | Género: Drama / Ciencia Ficción | Nacionalidad: USA | Director: Steve De Jarnatt | Actores: Anthony Edwards, Mare Winningham, John Agar | Productor: John Daly, Derek Gibson | Guión: Steve De Jarnatt | Fotografía: Theo van de Sande, Dennis Weaver | Música: Edgar Froese, Paul Haslinger, Tangerine Dream | Montaje: Stephen Semel, Kathie Weaver

 

Sinopsis: Una noche, Harry contesta a una llamada desde una cabina pública cercana a un restaurante. En ella, un hombre muy nervioso se identifica como un militar destinado en un silo de misiles nucleares y advierte que ellos ya han comenzado el ataque y que la respuesta soviética tardará setenta minutos en llegar a Los Ángeles. A partir de hay, Harry deberá intentar convencer a las personas del restaurante de que la amenaza es real y no se trata de una broma. Tras despejar todas las dudas, el grupo se pone en marcha e intenta escapar del holocausto atómico.

 

 

70 Minutos para Huir (1988)