La Matanza de Texas (2004) (2003)

 

Aquel verano tejano.

Por alguna razón que se me escapa, esta película ha tardado siete meses en estrenarse en nuestro país; encima le han puesto al título un 2004 entre paréntesis para hacer aún más evidente tan abultado retraso. El caso es que alguien nos ha fastidiado la oportunidad de ver la cinta en vísperas de Halloween, privándonos de una inmejorable ocasión para completar un poquito más nuestro proceso de americanización –ya puestos, podían haber esperado al cambio de estación, para coincidir con la ambientación de la historia–. El caso es que las matanzas son para el verano, no cabe duda. El calor perturba la hostia, ya sabéis; derrite la sesera y hace aflorar los instintos homicidas de no pocos sujetos. Y si hablamos de peña perturbada de antemano, sobrepasar la barrera de los 30 grados centígrados es un llamamiento a la violencia desatada y psicótica. Los antecedentes de este relato son escalofriantes; aunque la película que ha inspirado el remake lo es mucho más. El 20 de agosto de 1973 la policía se desplazó a una apartada granja propiedad del bueno de Thomas Hewitt, un matarife retirado del condado de Travis, en Texas. Dentro de la casa, los agentes encontraron los restos de treinta y tres seres humanos… Esta nueva versión aporta más datos para especiar el relato acerca de las extrañas aficiones de Cara de Cuero (Leatherface) y su encantadora familia: leyenda negra (casi mitología) surgida de la truculenta, sórdida y cruda propuesta que Tobe Hooper (junto a Kim Henkel) nos brindó hace ya tres décadas.

Cuando Hooper rodó “La Matanza de Texas” (1974), no creo que llegara a imaginar la repercusión que alcanzaría su obra a lo largo de los treinta años posteriores a su estreno. Se trata de un film considerado como uno de los mayores clásicos del cine slasher, referente fundamental para el género de horror gótico posindustrial y título de culto presente en las estanterías de miles de seguidores; en definitiva, una película clave para entender el desarrollo posterior del cine de terror. Es tan evidente e importante su impronta, que un remake parecía inevitable. Marcus Nispel (al que imagino bastante supeditado a las decisiones creativas de su productor, Michael Bay) exprime todas las licencias que le permite la coartada del homenaje y actualiza los elementos que convirtieron a la película original en un auténtico hito: la dicotomía entre lo bello y lo deforme (de ella surge un horror enfatizado por la repulsiva representación de la familia Hewitt, sumidos algunos en una aberrante vejez, otros presa de las más escalofriantes anomalías estéticas y emocionales, todos peligrosamente perturbados); el crimen por el crimen (cinco jóvenes atractivos se enfrentan a la sinrazón y la locura, representada por unos antagonistas que, aunque decrépitos y tullidos, son capaces de ejecutar los actos más deleznables y viles); en menor medida, la colisión entre tradición y progreso (la automatización del matadero como detonante); y la estética de la apocalypse culture norteamericana (Rob Zombie hizo mejor uso de ella en la reciente y formidable “La Casa de los 1000 Cadáveres“).

Ponle algo de gore, pero no te pases. Desagradable sí, pero no asquerosa. ¿Violencia? La sierra mecánica a medio gas. ¿Explotación del físico de los protagonistas? De eso lo que quieras; y de la final girl, mucho más (no se han cortado un pelo a la hora de ajustar y mojar la camiseta blanca de la voluptuosa Jessica Biel). Por fortuna, la película es “víctima a medias” de la presencia como productor de Bay, un tipo que, en su faceta de director, ha demostrado siempre un gusto desmedido por lo estéticamente perfecto. Este sesgo visual choca de lleno con el planteamiento del film original, aunque el resultado final de este proyecto, también en lo referido a la fotografía y la escenificación, tiene un evidente tono mísero y sucio que, a pesar de no alcanzar nunca la sordidez de su predecesora, causa cierta angustia, y la sensación de que un corte en esa granja es una invitación a la fiesta del tétanos. No calificaría a esta nueva versión como digna heredera del clásico de culto, pero si es un respetable compendio de guiños al aficionado y la inestimable oportunidad de volver a ver al tarado Cara de Cuero (aquí en competencia directa con un Ronald Lee Ermey que interpreta a un putocabronazo de aúpa) persiguiendo a un puñado de terneras y terneros que trotan despreocupados por las praderas tejanas. La matanza de la sierra mecánica de Texas (2004) también hace sudar.

Manu Castro (7/10)
@ManuCastroLSO
(27-05-2004)

 

• Lo mejor: Volver a escuchar ese escalofriante sonido de vieja cámara fotográfica.
• Lo peor: La comparación.

 

 

Título Original: The Texas Chainsaw Massacre | Género: Terror | Nacionalidad: USA | Director: Marcus Nispel | Actores: Jessica Biel, Jonathan Tucker, Erica Leerhsen | Productor: Michael Bay, Mike Fleiss | Guión: Scott Kosar, Kim Henkel, Tobe Hooper | Fotografía: Daniel Pearl | Música: Finger Eleven, Jonathan Flood, Steve Jablonsky, Mel Wesson | Montaje: Glen Scantlebury

 

Sinopsis: El 20 de agosto de 1973 la policía se desplazó a una apartada granja cuyo propietario era Thomas Hewitt, un antiguo matarife del matadero del condado de Travis, Texas. Dentro de la casa encontraron los restos de 33 seres humanos. El país se quedó boquiabierto y horrorizado ante semejante descubrimiento y todavía hoy sigue siendo para muchos el caso de asesinato en masa más célebre de la historia. El asesino, conocido como “Leatherface”, se hizo famoso al salir en primera página de los diarios tejanos blandiendo una sierra mecánica, con la cara tapada con una grotesca máscara hecha con la piel de sus víctimas bajo el titular: “La casa del terror deja al país sin habla – Matanza en Texas”. La policía local acabó matando a un hombre que llevaba una especie de máscara de cuero al que se acusó de ser el asesino y el caso se archivó. Sin embargo, durante varios años, muchas personas relacionadas con los espantosos crímenes acusaron a la policía de haber hecho una chapuza y de matar a sabiendas al hombre equivocado. Por primera vez, el único superviviente conocido de la matanza ha roto su silencio para contar la verdad acerca de lo que ocurrió en una carretera desierta de Texas cuando un grupo de cinco jóvenes tuvo que enfrentarse a un loco armado con una sierra mecánica, el mismo que dejó la oleada de sangre y terror que se convertiría en “La Matanza de Texas“.