La Máquina del Tiempo (2002)

 

El tiempo en sus manos.

De 0 a 800.000 años en 1,2 segundos. Esa es la frase promocional de este film, un contundente tagline que trata de condensar el espíritu de la película dirigida por Simon Wells. Tan vertiginosa declaración de intenciones tiene cierto reflejo en el ritmo de los viajes temporales que H. G. Wells propuso en su novela “La Máquina del Tiempo“, obra que George Pal trasladó a celuloide hace más de cuarenta años (“El Tiempo en sus Manos“, 1960). Aquella primera adaptación cinematográfica ya se dejó en el tintero parte de la esencia del relato impreso. Siguiendo el sendero de la trivialización, este salto al vacío de la nada, rebosante de efectos digitales e imágenes CGI, trasforma el clásico de la ciencia-ficción en una montaña rusa que transita –entre interesantes conceptos y paradojas– como un vendaval indiferente, que no atiende a detalles ni sutilezas. De este modo, la cinta nos proporciona un espectáculo visual asombroso, de velocidad punta, sobre todo en una primera parte que contiene la secuencia más memorable de todas: un viaje al futuro que exprime al máximo la capacidad creativa y técnica del departamento de efectos especiales. Aquí el marketing no engaña, y la promesa de un trayecto de rapidez absoluta se cumple con creces. Por desgracia, la recta final del recorrido, aquella que no está (tan) supeditada al oropel digital y los fuegos de artificio, es un descenso a los infiernos de la vacuidad narrativa. La aventura finaliza de forma lastimera, y llega a la meta gracias a la inercia de un brinco temporal que no consigue imponer su aroma a una segunda mitad desaborida y torpe. Como la Luna, víctima de las ocurrencias del ser humano, el argumento se desintegra entre incongruencias y socavones en el guión.

La carrera alocada y sinsentido que ha terminado siendo esta nueva versión de “La Máquina del Tiempo“, se ejemplifica con un desafortunado incidente que tuvo lugar en mitad del rodaje. Su director, el mencionado Simon Wells (que además es bisnieto del mismísimo H. G. Wells), sucumbió al estrés de la producción y tuvo que ser sustituido por Gore Verbinski. Suceso imprevisto que no creo decisivo a la hora de modificar lo más mínimo el resultado final de una propuesta que abraza el ideario del nuevo cine de evasión sin reticencia alguna. Como tampoco se intuyen indicios o rastros que nos hagan dudar de las intenciones abiertamente naíf de la película, podemos confiar en la honestidad de un producto que va en la línea de otros remakes actuales del género fantástico. Las insustanciales “El Planeta de los Simios” y “Rollerball” nos ponen tras la pista de un presente de ciencia-ficción que apuesta por la ligereza de lo supuestamente llamativo. Cualquier otro tipo de planteamiento queda descartado dentro del argumento de unos títulos destinados a la fugacidad de las multisalas y el tumulto de los centros comerciales. Con los espectadores convertidos en abúlicos Eloi, Hollywood nos ofrece producciones cada vez más intrascendentes y prescindibles, acordes a la mínima exigencia del público y, curiosamente, cumpliendo los pesimistas presagios contenidos en la obra del bisabuelo Wells. La película que nos ocupa parece empeñada en encajar a la perfección en dicho molde, aunque consigue eludir el desastre total. Gracias a la prodigiosa sucesión de imágenes imposibles a la que da paso el encendido del artilugio temporal, la cinta sobrevive a las muchas deficiencias del conjunto y nos deja un agradable regusto, engalanado por la partitura de Klaus Badelt.

Manu Castro (6/10)
@ManuCastroLSO
(22-03-2002)

 

• Lo mejor: El derroche digital del primer viaje en el tiempo.
• Lo peor: El maquillaje de Jeremy Irons.

 

 

Título Original: The Time Machine | Género: Drama / Ciencia Ficción / Aventuras / Acción / Fantástico | Nacionalidad: USA | Director: Gore Verbinski, Simon Wells | Actores: Guy Pearce, Jeremy Irons, Sienna Guillory | Productor: Walter F. Parkes, David Valdes | Guión: H. G. Wells, David Duncan | Fotografía: Donald McAlpine | Música: Klaus Badelt, James Michael Dooley, Geoff Zanelli | Montaje: Wayne Wahrman

 

Sinopsis: Basada en el clásico de H. G. Wells, “La Máquina del Tiempo” nos cuenta las aventuras y desventuras del científico e inventor Alexander Hartdegen (Guy Pierce), quien está decidido a demostrar al mundo entero que los viajes en el tiempo son posibles. Profesor de la Universidad de Columbia en Nueva York, Hartdegen es famoso entre sus colegas por sus despistes que le hacen vivir como en su propio mundo. Para conseguir dicha meta, dedica todo el tiempo que puede al diseño de su máquina, olvidando casi por completo la relación sentimental que mantiene con una bella joven a la que pretende pedir en matrimonio. Desgraciadamente, el día elegido para tan importante acontecimiento ella es asesinada y la desesperación se apodera de él. Convencido de que ha sido una broma cruel del destino que no debería haber ocurrido, decide utilizar su máquina del tiempo para volver al pasado y cambiar la historia. Tras intentarlo en varias ocasiones y no conseguir evitar la muerte de su amada, se marca como objetivo viajar hacia el futuro para intentar descubrir las claves del viaje en el tiempo y descubrir así por qué no logra cambiar el pasado. Tras visitar los primeros años del siglo XXI y conocer a un holograma llamado Vox, que le pone al corriente de los últimos avances de la humanidad, da el salto definitivo que le lleva 800.000 años adelante. En esta nueva época los seres humanos tal y como los conocemos han desaparecido, y en su lugar habitan el planeta dos razas de seres completamente distintos: los Eloi y los Morlocks. Los primeros son amistosos y viven en un mundo tranquilo y pacífico, mientras que los otros, con su malvado líder a la cabeza (Jeremy Irons), son monstruos cuya vida transcurre bajo el suelo, y salen por las noches para atacar a los Eloi.