Rey Arturo: La Leyenda de Excalibur (2017)

 

La espada es tuya, hijo; cógela.

Pocos tipos hay más fieles a su estilo que el británico Guy Ritchie; es de justicia reconocerlo. A pesar de los ataques de sus detractores más furibundos, que consideran sus títulos emblemáticos (“Lock & Stock“, “Snatch“, “Revolver” y “RocknRolla“) un sucedáneo hiperbólico que mezcla sin pudor el cine de gánsteres de Scorsese con la violencia gráfica y la mordacidad de Tarantino, no se puede negar que Ritchie deja su impronta estética y su ritmo –además de un puñado de guiños marca de la casa– grabados a fuego en cada proyecto que acomete como director. Incluso ahora, cuando su carrera profesional parece tomar con decisión la senda del cine más comercial (me entusiasma lo que este tío puede llegar a hacer con “Aladdin“), el de Hatfield se las ingenia para modelar grandes superproducciones hasta conseguir que pasen por su inimitable filtro artístico. Lo hizo con las dos entregas steampunk de “Sherlock Holmes“, convirtiendo el canon Arthur Conan Doyle en un festival de energía inagotable. Repitió la jugada con su particular visión del cine de espías de los sesenta; “Operación U.N.C.L.E.” fue una maravilla pulp maltratada, lisérgica y embriagadora –un Bond a la italiana que mereció mejor suerte–. Ahora le toca al ciclo artúrico dejarse rediseñar por un cineasta consagrado al entretenimiento total.

Ritchie no trata de reinventar la rueda, ni mucho menos, pero da rienda suelta a sus antojos y peculiaridades a la hora de abordar una fantasía medieval que se adapta sin problemas al tono macarra de su propuesta. En sus manos, el rey Arturo (Charlie Hunnam) adopta la forma de un cockney londinense, al frente de una pintoresca chusma de fulanos chungos, sacados de las calles más jodidas del East End. Este periplo urbano, definido por las hostias y las escenas de acción (de una factura técnica impecable), se confabula –en beneficio de una diversión desbordada– con la parte netamente fantasiosa del film, aquella que adquiere la tonalidad de una rotunda aventura de espada y brujería (cuando Ritchie fija su mirada en la niebla sobrenatural de John Boorman). Entre paquidermos grandes como montañas, bestias anabolizadas de toda clase y condición, magia, serpientes gigantes y un eficaz manejo de la épica, sobresale la presencia de Jude Law (el gran cabrón de Vortigern) y la regia figura de Eric Bana (Uther Pendragon se marca una set piece que establece el nivel de espectáculo de toda la producción). Siempre con su habitual montaje acelerado, repleto de saltos temporales, y el característico humor de pub inglés, “La Leyenda de Excalibur” se convierte en una fiesta cada vez que Arturo saca la espada (y cuando no la saca, también).

Manu Castro (8/10)
@ManuCastroLSO
(02-09-2017)

 

• Lo mejor: Su ritmo infatigable y fuerza visual. La selección de temas musicales. El homenaje a “Reservoir Dogs“.
• Lo peor: No habrá continuación.

 

 

 

Título Original: King Arthur: Legend of the Sword | Género: Acción / Aventuras / Drama / Fantástico | Nacionalidad: USA | Director: Guy Ritchie | Actores: Charlie Hunnam, Astrid Bergès-Frisbey, Jude Law | Productor: Steve Clark-Hall, Akiva Goldsman, Joby Harold | Guión: Joby Harold, Guy Ritchie, Lionel Wigram | Fotografía: John Mathieson | Música: Daniel Pemberton | Montaje: James Herbert

 

Sinopsis: El audaz Arturo (Charlie Hunnam) es un joven que vive en las calles de Londonium, el actual Londres, donde dirige a su pandilla por los callejones de la ciudad. Pero un día su vida da un giro inesperado cuando se topa con la espada Excalibur. Este encuentro marcará su futuro y será entonces cuando Arturo se vea obligado a tomar algunas decisiones difíciles debido al poder que conlleva ser el verdadero dueño de la mítica arma. Por eso tendrá que aprender a dominar esta espada mientras vence a sus demonios. Por fortuna, contará con la ayuda de una joven misteriosa (Astrid Bergès-Frisbey), que le ayudará a defender al pueblo de la tiranía del malvado Vortigern (Jude Law), quien gobierna con crueldad tras haber usurpado la corona.