Tres Anuncios en las Afueras (2017)

 

Víctima visible.

En Ebbing, una pequeña localidad de Missouri rodeada de bosques y montañas, ha ocurrido algo terrible: un crimen horrendo, inimaginable, capaz de destruir a una familia y desestabilizar la armonía impostada de toda una comunidad. Han pasado siete meses desde el brutal asesinato de la hija de Mildred Hayes (Frances McDormand) en una apartada carretera a las afueras de la población. No hay pistas sobre el asesino y los vecinos de Ebbing han comenzado a echar tierra sobre el asunto, ante la desesperación de una mujer contrariada por la inoperancia de las autoridades. En medio de tan ominoso contexto, Mildred toma una controvertida decisión: alquilar tres enormes paneles publicitarios, situados cerca del lugar del crimen, que señalan de manera rotunda la incompetencia del sheriff y el cuerpo de policía local. Este acto reabre una incómoda herida en el seno de un pueblo obligado a convivir de nuevo con el sufrimiento de una dolorida madre, que se yergue firme al frente de una vida hecha añicos. Los partidarios de pasar página a toda costa enseguida utilizan la enfermedad terminal del sheriff Willoughby (un cáncer de páncreas) como coartada cobarde para atacar la actitud combativa de una víctima que se niega a desaparecer en silencio, que pelea contra la idea de que un hecho tan aberrante acabe escondido en el nauseabundo cajón de las “cosas que pasan”. Acusada de intransigente, incluso de indolente ante la situación de Willoughby, Mildred se enfrenta a todos en una cruenta batalla para evitar el olvido definitivo de su difunta hija.

No resulta nada fácil plantear la transición de una escena cómica –que invita a articular una sonora carcajada– a otra que arranca con una imagen de un dosier policial en el que vemos la fotografía del cadáver carbonizado de una adolescente que ha sido violada y asesinada. Que tan contundente contraste fluya de manera sumamente natural, sin atisbo alguno de estridencias, es la virtud más destacada de este retrato; narración repleta de apuntes sobre la América más profunda, aquella que germina una y otra vez, abonada en esta ocasión por la administración Trump. A medio camino entre lo que parece una apología descarnada de la misantropía menos sutil y un humanismo que se aferra a la esperanza más nimia en medio de un mundo que se deshumaniza por momentos, Martin McDonagh –”Escondidos en Brujas” (2008) y “Siete Psicópatas” (2012)– encuentra un brillante equilibrio dramático, a priori improbable, poblado por unos personajes que se adueñan incluso de las partes más discutibles de un guión con algún bache demasiado evidente (la irrupción de ese pirado es necesaria pero poco elegante). “Tres Anuncios en las Afueras” es una curiosa y desconcertante fusión entre lo cómico, lo dramático y lo macabro, una fábula que indaga en los sinsabores de la vida y transita por su lado más amargo, acompañada en todo momento por una generosa dosis de humor negro, que se alimenta de los prejuicios, el racismo y la violencia de un pueblo, y una nación, habitados por agentes de policía incompetentes (y otros brutales), maltratadores, víctimas y una inconmensurable madre coraje.

Algún día, en algún bar; quizá… La búsqueda de justicia por parte de Mildred se va transformando en la persecución de una esperanza, de un objetivo vital para unos personajes, en principio consagrados al abatimiento y la resignación, que evolucionan incluso constreñidos por una realidad marcada por casualidades criminales. Ligeros spoilers. Así pues, Willoughby (un maravilloso Woody Harrelson, de sugestivo acento sureño) rechaza la confrontación con Mildred, convirtiendo lo que parece un antagonismo inevitable en una reconfortante lección de empatía. Incluso Dixon, policía palurdo, racista y reaccionario, encuentra su redención gracias al azar. Es entonces, un instante antes de que la justicia tome la senda de la venganza, cuando Sam Rockwell (Dixon) eleva su participación en el film al grado de imprescindible. La transformación personal de todos ellos se acelera en un momento crítico de la narración, incrementando el vaivén moral de la obra y la complicada ética de unos roles repletos de matices. Tiene lugar una muerte que fractura la película en dos partes y activa el talento de McDonagh, que consigue cohesionar estos trozos gracias a tres cartas que encauzan la historia; trama que coquetea durante la segunda mitad de su metraje con un engañoso whodunit, antes de asestarnos otro mazazo: no vamos a saber quién lo hizo… La vida es tragedia en manos de McDonagh, pero también coraje, fuerza y crecimiento. El dramaturgo de origen irlandés le toma el pulso a una sociedad a la deriva, para entregarnos un contundente ejercicio de cine americano; al más puro estilo de los hermanos Coen.

Manu Castro (8/10)
@ManuCastroLSO
(17-01-2018)

 

• Lo mejor: La excelente construcción de personajes.
• Lo peor: Tratándose de gañanes, un exceso de ingenio en los diálogos.

 

 

Título Original: Three Billboards Outside Ebbing, Missouri | Género: Drama | Nacionalidad: Reino Unido / USA | Director: Martin McDonagh | Actores: Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell | Productor: Graham Broadbent, Peter Czernin, Martin McDonagh | Guión: Martin McDonagh | Fotografía: Ben Davis | Música: Carter Burwell | Montaje: John Gregory

 

Sinopsis: En Ebbing, Misuri, un pueblo del Medio Oeste de Estados Unidos, Mildred Hayes (Frances McDormand) decide gastarse todos sus ahorros en contratar tres vallas publicitarias para poner en evidencia la incompetencia de la policía. Han pasado ya varios meses desde la violación y asesinato de su hija y aún no se sabe nada acerca de lo ocurrido. Estas tres vallas a la entrada del pueblo, con mensajes muy controvertidos sobre el jefe de policía, William Willoughby (Woody Harrelson), servirán para divulgar un recordatorio, el de un crimen sin resolver, y constatar una evidencia, que nadie ha sido detenido. Las consecuencias serán una guerra abierta contra la policía del pueblo, y una agria respuesta por parte de sus habitantes.