El Primer Pecado Mortal (1980)

 

El precio de la dedicación.

Frank Sinatra interpreta al sargento Delaney, un policía de Nueva York a punto de jubilarse, harto del sistema, de la burocracia policial y de una jefatura incompetente que zancadillea constantemente su trabajo. Delaney va tras la pista de un asesino en serie, un sujeto escurridizo que utiliza un extraño artilugio en sus crimines. El sargento se involucra completamente en la que será su última investigación y comienza indagando acerca del origen del arma y la conexión de su caso con los recientes crímenes ocurridos en diversas partes de la ciudad. Sin apoyos dentro de la comisaria y con una complicada situación familiar a sus espaldas (su mujer, una anecdótica Faye Dunaway que fue nominada al Razzie a la peor actriz, yace moribunda en el hospital), decide tomarse la justicia por su cuenta y actuar como juez, jurado y verdugo del implacable y desquiciado asesino. La adaptación de la novela de Lorence Sanders es un thriller bastante torpe, carente de ritmo y escaso en suspense y tensión dramática. La producción se salva en parte gracias al trabajo de Sinatra, en su último papel protagonista para la pantalla grande. Su interpretación de un policía sin nada que perder, que decide actuar al margen de la ley, es el único aliciente para visionar el film.

Manu Castro (4/10)
@ManuCastroLSO
(26-08-2011)

 

• Lo mejor: La presencia de Sinatra.
• Lo peor: La parte dramática.

 

 

Título Original: The First Deadly Sin | Género: Thriller | Nacionalidad: USA | Director: Brian G. Hutton | Actores: Frank Sinatra, Faye Dunaway, David Dukes | Productor: Elliott Kastner, George Pappas, Mark Shanker | Guión: Mann Rubin | Fotografía: Jack Priestley | Música: Gordon Jenkins | Montaje: Eric Albertson

 

Sinopsis: Edward Delaney, detective de policía de Nueva York a punto de jubilarse, se dispone a investigar un crimen rutinario. Cuando llega al lugar de los hechos descubre que la víctima tiene una herida en la cabeza producida por un objeto punzante. Delaney investiga dos casos relacionados con éste, deduciendo que el autor de todos ellos tiene que ser el mismo perturbado. Su jefe insiste para que se olvide de la historia y se retire en paz, pero el detective se niega.