La Tumba de Drácula (1980)

La Tumba de Drácula (1980)

 

Por 50 centavos más, tiene el menú gigante.

A veces, la nostalgia, en colaboración con los idealizados recuerdos de la niñez, es un poco cabrona. De “La Tumba de Drácula” (1980) sólo recordaba escenas puntuales: la misa negra del principio, algún ataque del Conde, pero sobre todo, una secuencia que me aterraba profundamente de crío, una en la que Drácula huye de unos “zombies” (a la postre vampiros renegados) y se refugia con unos niños en una pequeña cabaña… Hasta aquí mis memorias de videoclub. Hace poco he vuelto a verla. Mala idea. Desde este punto, ensalada de SPOILERS.

La adaptación de la serie de comics “The Tomb of Dracula“, perpetrada con (mucha) nocturnidad y (mucha) alevosía por Toei Animation, es un anime de factura técnica infumable y psicodélica narrativa, condensada en una papilla de ingestión imposible (70 números en hora y media de metraje). El legendario Conde Drácula, agotado por las persecuciones sufridas en el viejo continente, se ha trasladado a Norteamérica y ahora vive tranquilamente en la ciudad de Boston. Y se aburre. Se aburre mucho. Tal es el nivel de tedio soportado por el señor de las sombras que, durante una noche lluviosa, decide colarse en una misa negra organizada por la secta satánica local. En plena ceremonia, se hace pasar por el maligno y roba la novia-barra-sacrificio que los devotos súbditos diabólicos habían preparado para el bueno de Belcebú. Dominique, una joven que otrora bailaba y bebía vino con chicos (cristalino que la muchacha era carne de secta), acaba, gracias a las estratagemas del vampiro, como prometida del Conde. La lógica sigue su camino y estos dos individuos asociales se casan y tienen un hijo llamado Yelas. Todo bonito y estupendo. A penas diez minutos de cinta y el argumento ya nos tiene agarrados por las gónadas.

Aparece entonces el trío de cazavampiros: Quincy Harker, pariente de Jonathan, es un anciano que va en silla de ruedas y ha jurado matar al vampiro; Rachel van Helsing, de apellido ilustre y carácter difícil, es tiradora de ballesta; Frank Drake, descendiente de Drácula cuando este aún no era un chupasangre, es un chulito que controla de Kung-fu (o algún rollo ninja) y también quiere liquidar al Conde. El cuarto miembro del grupo es un perro criado en una iglesia que atiende al nombre de “Dios Blanco” y sólo bebe agua bendita. Acojonante. Y esperad a presenciar la confrontación entre el abuelete inválido y el chulito en un combate espada en mano. Ver para creer.

Nos metemos en harina. Cuando Satán se percata del embuste de la iglesia, entra en cólera y decide llevar a cabo una terrible venganza contra Drácula, aunque, después de mucho palique, la posterga durante un año, por sus cuernos; las cosas del infierno, con calma. El niño crece, la felicidad de los Drácula también y los cazavampiros no acaban de dar con la guarida del Conde. Más tarde, un día cualquiera, porque sí, la pareja decide bautizar a Yelas en la misma iglesia donde se realizó la misa negra (giro guapo del guión). Allí se desata la tragedia, inevitable al confluir tanto anormal en un espacio de dimensiones reducidas: vampiros, satanistas y cazadores provocan la muerte de Yelas, el destierro de Drácula y el bochorno absoluto del respetable. Es entonces cuando comprobamos que el equipo de guionistas iba hasta las cejas de todo tipo de estupefacientes durante la confección de la trama. A partir de ahora vale todo.

Drácula se pasea con su pomposa capa de vampiro, desafiando todas las normas del buen gusto en el vestir, mientras Layla, la vampiresa, baila desatada en una discoteca de Nueva York antes de cenarse a algún pipiolo despistado. Dios resucita a Yelas (aka Janus, ahora con unos 30 años y pecho palomo) y le convierte en el arma definitiva contra su propio padre… Y por fin llega la puñetera venganza de Satán: el príncipe de las tinieblas transforma al Conde en un miserable mortal. Desprovisto de sus poderes, y del más mínimo atisbo de dignidad, Drácula manga una cartera y se come una hamburguesa para saciar su hambre (por favor, otro tirito; y el jaco barato). Sus aliados en el nuevo mundo le dan la espalda y el pollo vuela a Transilvania para recuperar su mordida. Exhaustos y desorientados llegamos a la escena de la cabaña y los niños. Los vampiros rumanos se han subido a la parra y le hacen un corte de mangas a su antiguo patrón. Lord Trogo, que ahora es el shérif, lucha con Drácula, el cual le parte la cara en plan bien, recuperando entonces sus habilidades vampíricas. El paisano impedido y sus compinches aparecen de la nada y se encaran (otra vez) con él. Todos nos arrancamos a aplaudir cuando el viejete se levanta de la silla de ruedas y, blandiendo su espada, se enfrenta al monstruo, a la vez que pierde la pensión por su fraudulenta minusvalía. La lucha definitiva acaba con el anciano inmolándose (sí, la silla iba petada de amosal en todo momento). El vampiro y su castillo son historia. Y por si le interesa a alguien, al final de la película Dios transforma de nuevo a Yelas en bebé.

Manu Castro (1/10)
@ManuCastroLSO
(09-01-2016)

 

• Lo mejor: El cóctel de drogas consumido en su realización. El borracho entrevistado en televisión, todo un hit.
• Lo peor: ¿Es necesario decir más?

 

La Tumba de Drácula (1980)

 

Título Original: Yami no teiô kyuketsuki dorakyura | Género: Animación / Terror | Nacionalidad: Japón | Director: Akinori Nagaoka, Minoru Okazaki | Actores: Kenji Utsumi, Hiroko Suzuki, Kazuyuki Sogabe | Productor: – | Guión: Tadaaki Yamazaki, Marv Wolfman, Gene Colan, Tom Palmer | Fotografía: – | Música: – | Montaje:

 

Sinopsis: En el Boston actual, Drácula se cuela en un ritual satánico y se escapa llevándose con él a la chica que iba a ser sacrificada. Enamorado de ella, no puede chupar su sangre; en vez de eso se va a vivir con ella y engendran un niño, Janus. Pero sus enemigos lo acosan cada vez más. Son un grupo de cazadores de vampiros, incluyendo a Quincy Harker el paralítico, un maestro con la ballesta, y el nuevo fichaje Frank Drake, descendiente de Drácula. Y encima Satán roba los poderes de Drácula, que necesita otro vampiro para recuperarlos, deshacerse de sus perseguidores y vengar la muerte de Janus a manos de los malvados Satánicos. Especial producido por Toei, basado en los cómics de Marvel “La Tumba de Drácula“.

 

 

La Tumba de Drácula (1980)