Encuentros en la Tercera Fase (1977)

 

El sol salió anoche, y me cantó…

Reconozco que, siendo yo bastante pequeño, me cagaba de miedo con esta película. Ahora achaco aquella reacción al gilipollismo propio de la niñez, pero lo cierto es que un menda las pasaba canutas cada vez que se ponía esta película en casa de mis padres. Y se ponía mucho, y se veía siempre que la emitían en televisión, porque en mi familia siempre hemos sido mucho del tito Spielberg. El caso es que, con el devenir de los años, el terror que generaban en mi psique infantil las escenas de abducciones (aquel niño cabezón, abriendo la puerta de su casa a los colores y sonidos del espacio, me acojonaba más que Carol Anne y su icónico “¡ya están aquí!”), dejó paso a la fascinación por un film diseñado para obnubilar al espectador con cada plano de efectos visuales, con cada nota musical, con toda la contundencia de sus frases y diálogos… Si entendemos el cine como un medio destinado a emocionar y deslumbrar al público, no cabe duda que “Encuentros en la Tercera Fase” es una obra maestra fundamental del séptimo arte. Más allá de los aviones desaparecidos en 1945, del enorme buque Cotopaxi (nunca olvidaré ese nombre) varado en mitad del desierto del Gobi o los increíbles sucesos que tienen lugar en la cima de la Torre del Diablo, esta película consigue que –citando a Truffaut– formemos parte de un auténtico fenómeno sociológico. La reflexión puesta encima de una maqueta de tren. Y no se trata de saber si estamos solos o no en el vasto universo. La pregunta que plantea Spielberg es otra mucho más determinante. Aquí la incógnita pasa por teorizar sobre nuestra reacción como individuos, como sociedad y especie, cuando llegue la respuesta que muchos esperamos.

Venía Steven Spielberg de aterrorizar al mundo y arrasar las taquillas de medio planeta con “Tiburón“, el primer blockbuster de Hollywood. Dos años después, en 1977, apenas unos meses tras el arrollador estreno de “La Guerra de las Galaxias“, el director norteamericano se atrevió a realizar un acercamiento al género de la ciencia-ficción diametralmente opuesto a la visión de George Lucas (y al del cine de invasiones de seres de otros mundos), imaginando la que posiblemente sea la mejor recreación de un primer contacto humano con seres extraterrestres. La narración comienza analizando la parte más popular del fenómeno O.V.N.I., con aviones comerciales que se cruzan en plena noche con luces de movimientos imposibles y fenómenos extraños que acontecen en apartadas zonas rurales. Apagones inexplicables, contactados extravagantes y conspiraciones gubernamentales van confeccionando un entramado de clichés mainstream sobre el asunto. Es entonces cuando unos pocos elegidos, personas que comparten una peculiar visión, reciben la llamada que les impulsa a acudir a un lugar en concreto… En ese preciso momento, al igual que ocurre con los protagonistas, la película cambia. Hay tantas secuencias apasionantes e inolvidables en esta cinta que resulta imposible disimular la cara de disfrute absoluto durante su visionado. La fruición se desata en sincronía con la majestuosa banda sonora de John Williams, cuando Richard Dreyfuss construye con puré de patata (y más tarde con tierra) su revelación y cada vez que François Truffaut gesticula con las manos (“répéter”, “plus rapide”, “allez allez!”). Cine grande, enorme, que emula sin atisbo de desaliento la apoteósica escala que se le presupone a un acontecimiento que cambiaría (cambiará) el mundo.

Manu Castro (9/10)
@ManuCastroLSO
(21-02-2002)

 

• Lo mejor: Su deslumbrante sentido del espectáculo conjugado con un cautivador ejercicio de introspección. Lo cotidiano y lo cósmico, de la mano.
• Lo peor: A mí no me preguntes…

 

¿Sabías que…? Tres años después del estreno cinematográfico de 1977, se lanzó una nueva versión de la película conocida como “Close Encounters of the Third Kind: The Special Edition“. Con una duración de 137 minutos, este montaje aumenta el metraje original en cinco minutos y contiene escenas adicionales, entre las que destaca el final extendido cuando Roy Neary ve el interior de la nave alienígena. Una tercera edición fue lanzada en 1998 en formatos domésticos (VHS y DVD), la Versión del Director, que cuenta con algunos ajustes y elimina el final extendido. Esta versión tiene una duración de 135 minutos.

J. Allen Hynek, reconocido astrofísico norteamericano, participó en el rodaje como asesor y llegó a realizar un breve cameo en la película. El personaje de François Truffaut, Claude Lacombe, está basado en un famoso investigador francés del fenómeno O.V.N.I., Jacques Vallée. Los controladores aéreos que vemos en pantalla son reales. La cinta popularizó la tipología de los extraterrestres conocidos como “Grises”. En la primera aparición de la nave nodriza puede verse al androide R2-D2 bocabajo en una de las secciones de la astronave.

 

 

Título Original: Close Encounters of the Third Kind | Género: Drama / Ciencia Ficción | Nacionalidad: USA | Director: Steven Spielberg | Actores: Richard Dreyfuss, François Truffaut, Teri Garr | Productor: Julia Phillips, Michael Phillips | Guión: Steven Spielberg | Fotografía: William A. Fraker, Douglas Slocombe, Vilmos Zsigmond | Música: John Williams | Montaje: Michael Kahn

 

Sinopsis: Unos aviones dados por desaparecidos en 1945 aparecen de repente en el desierto de Mojave… Un vuelo comercial se cruza con un objeto brillante que el piloto no es capaz de describir… El gobierno de los Estados Unidos, sospechando de la existencia de fenómenos extraños, logra averiguar dónde van a aterrizar los visitantes y desarrolla una operación de encubrimiento para que nadie se entere. Pero un grupo de personas comparte una visión sobre la vida en otros mundos que les arrastra a ese lugar…