King Kong (2005)

 

Un encuentro que lo cambiará todo.

Después del enorme éxito de la trilogía de El Señor de los Anillos en todo el mundo, Hollywood (la Universal) le dio un cheque en blanco a Peter Jackson para que hiciera realidad uno de sus sueños de adolescencia. Parece ser que el King Kong original fue el detonante que condujo a Jackson al mundo del cine y desde hacía años estaba detrás del proyecto de remake. A finales de los 90 una nueva versión de otro monstruo clásico, Godzilla, dio marcha atrás a sus intenciones. Pero el año pasado el proyecto se puso en marcha, y con mucho dinero para acometerlo. La intención de Jackson era actualizar visual y tecnológicamente el film, respetando fielmente el argumento y el desarrollo de la historia original. Buenas intenciones para un proyecto absurdo, como lo es cualquier intento de retomar los viejos clásicos, y más si se trata de obras de la contundencia de esta.

Con su King Kong, Peter Jackson parece un niño grande que ha esperado muchos años para recibir un gran juguete, un juguete que ha pagado en parte con sus enormes beneficios obtenidos con la trilogía de Tolkien, se nota su devoción por la obra original, y su inquebrantable voluntad de elevarla de su origen “humilde” para transformarla en una megaproducción colosal y asombrosa. Esta versión es un torrente de efectos diseñados por ordenados, juegos malabares que inundan todos los planos de la cinta con el único objetivo de saturar a un público entregado a un divertimento digital asombroso, concebido desde la base de un talento visual innegable, pero que se hincha demasiado en no pocas ocasiones. Demasiado plano digital, demasiados engendros y monstruos que camuflan en parte las pinceladas del autor que hay detrás de la cámara y las aportaciones de un reparto excepcional.

El aroma de vieja aventura que se respira en el viaje inicial en barco, lo mejor de la película sin duda, se disipa en parte en la isla y es sustituido por una carrera contrarreloj diseñada para que cada nueva secuencia supere en espectacularidad a la anterior, mención especial merece la frenética pelea con los Tyranosaurios. Una vez aparecido Kong, el film se dispara como una bala, y sólo podemos respirar cuando el gorila se toma un descanso en su agitada vida. Es la isla la que ofrece los mejores momentos visuales de la película, sin olvidar las secuencias de la fuga y persecución por las calles de Nueva York y el desenlace en el Empire State Building. Visualmente la película es maravillosa, con planos de gran belleza y calidad técnica.

Lo del simio es caso a parte, Kong es un diseño por ordenador asombroso, es uno de los personajes digitales que mejor ha transmitido sus sentimientos en una pantalla grande, imposible no sentir simpatía, cuando no pena, por él. Una congoja se apodera de nosotros cuando nos acercamos al fatídico desenlace que todo el mundo conoce. “La belleza mató a la bestia”, y nosotros somos testigos de la tragedia, agudizada por una partitura emocionante. Algunos se preguntan si es necesario versionar obras ya existentes. Podría ser un debate interesante, aunque si se presentan de esta forma, desde la sinceridad, con ambición personal, tesón y profesionalidad, es imposible negar las virtudes de un proyecto diseñado para entretener desde la calidad y el talento.

Manu Castro (8/10)
@ManuCastroLSO
(14-12-2005)

 

• Lo mejor:
• Lo peor:

 

 

 

Título Original: King Kong | Género: Acción / Aventuras / Drama / Fantástico / Thriller | Nacionalidad: Nueva Zelanda / USA | Director: Peter Jackson | Actores: Naomi Watts, Jack Black, Adrien Brody | Productor: Jan Blenkin, Carolynne Cunningham, Peter Jackson | Guión: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, Merian C. Cooper, Edgar Wallace | Fotografía: Andrew Lesnie | Música: James Newton Howard, Mel Wesson | Montaje: Jamie Selkirk

 

Sinopsis: Peter Jackson, ganador de tres Oscar (El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey), aporta su visión cinematográfica de la emblemática historia del gigantesco simio capturado y llevado al mundo civilizado donde acaba de forma trágica. Naomi Watts interpreta a Ann Darrow, una actriz de vodevil que se queda sin trabajo durante la Gran Depresión en Nueva York. Su suerte cambia cuando conoce a Carl Denham, interpretado por Jack Black, un empresario, cuentista, aventurero y cineasta que lucha para abrirse camino en el mundo del espectáculo. Atrevido, exuberante y carismático, Denham tiene un don innato para el espectáculo y un apetito insaciable de grandeza, lo que acabará por llevarle a la catástrofe. Adrien Brody hace el papel de Jack Driscoll, un autor de teatro neoyorquino convertido en el héroe improbable de una aventura romántica en la que deberá demostrar su valor y bondad.