Shin Godzilla (2016)

 

Monstruo (muy) cabronazo.

Fondea (el auténtico) Godzilla en la costa japonesa, con la inesperada contundencia de un invitado plomizo y descontrolado. Lo hace vaporizando millones de litros de agua, antes de emprender una catastrófica aventura terrestre, dominada por la patosa destrucción de un bichejo de ojos locos y cola desproporcionada. Como salido de un after, poseído por el alcohol y un coctel indeterminado de estupefacientes, Gojira pisotea edificios, coches y personas de manera indiscriminada. Las autoridades se ven desbordadas. Se organiza un inoperante gabinete de crisis para dar solución a la problemática presencia de tan colosal criatura. Aparecen expertos de todo tipo, en un fútil intento de enmascarar las abundantes deficiencias de la torpe burocracia –lo de Fukushima fue cosa mala–. Las fuerzas de autodefensa son puestas en estado de alerta, mientras se urde un precipitado plan de contraataque. El acoplamiento con los militares resulta complicado; sobre la mesa el controvertido artículo 9 de la constitución nipona –aquel que prohíbe cualquier acto bélico por parte del estado–. Asoman los intereses de las grandes potencias internacionales. Tampoco falta la habitual injerencia imperialista yanqui. El genocidio atómico de Hiroshima y Nagasaki bien presente; porque “Shin Godzilla” es también un film político. No obstante, la génesis radioactiva de los Kaiju Eiga se fraguó durante un fatídico 6 de agosto.

Entre tanto, el kaiju cabrón muta en un gigantesco monstruo que llenaría de orgullo a Ishiro Honda y Eiji Tsuburaya; añada 1954 en el diseño. Tokio en el horizonte. Comienza el folklore. A este mamotreto móvil le atacan con todo –recalco el “con TODO”–. El lagarto no se arredra y responde, vomita radiación y saca a relucir un arsenal ofensivo maravilloso. Si creías que “Pacific Rim” era un desmadre absoluto o que el “Godzilla” de Gareth Edwards rozaba la cumbre de la espectacularidad, vuelve a mirar. Roland Emmerich, tú también (sobre todo tú). Ojalá Leyendary tome buena nota de esta película. A nivel visual, “Shin Godzilla” (Godzilla Resurgence) es un descojono máximo, un festival CGI completamente macarra. La cinta de Hideaki Anno (“Evangelion”) y Shinji Higuchi (“Ataque a los Titanes”) es la enésima demostración de la (innata) capacidad de asombro que poseen las monster movies niponas. Su obra está a otro nivel, sin duda, y transita tan alejada del mainstream occidental, que su visionado es puro gozo. La Toho Company no se reserva nada. Este Dios atómico, con predilección por el neón y los láseres, hará las delicias de cualquiera que se entregue al abrazo del calorcito radioactivo producido por tan entrañable ser mutante.

Manu Castro (8/10)
@ManuCastroLSO
(10-01-2017)

 

• Lo mejor: Cuando Godzilla se encabrona de verdad.
• Lo peor: Abusa de las escenas de despacho.

 

 

 

Título Original: Shin Gojira | Género: Acción / Aventuras / Drama | Nacionalidad: Japón | Director: Hideaki Anno, Shinji Higuchi | Actores: Hiroki Hasegawa, Yutaka Takenouchi, Satomi Ishihara | Productor: Yoshihiro Satô, Masaya Shibusawa, Taichi Ueda | Guión: Hideaki Anno | Fotografía: Kosuke Yamada | Música: Shiro Sagisu | Montaje: Hideaki Anno, Atsuki Sato

 

Sinopsis: Godzilla, fuerza destructiva insondable para el hombre, resucita en el Tokio de hoy en día para acosar de nuevo a la civilización. Un país aún atormentado por las secuelas de un desastre natural, experimenta de repente el horror catastrófico de Godzilla. Apremiado por la muerte y la desesperación, Japón deberá encontrar el poder para superar este desafío. Es la primera película de Godzilla realizada en Japón desde “Godzilla: Final Wars” (2004) de Ryuhei Kitamura.