Tiburón 5: Mandíbulas Crueles (1995)

Tiburón 5: Mandíbulas Crueles (1995)

 

Mandíbulas crueles, idiotas integrales.

Explotación en estado puro, manual para chapuceros redactado por un auténtico maestro en el arte del abuso del “corta y pega” descacharrante; el montaje de charcutería al servicio de la infamia. Bruno Mattei se apropia de cualquier material a su disposición en un ejercicio de reciclaje que pone los pelos de punta. No se asuste nadie, este italiano, de peculiar filmografía, se maneja con soltura, y sin sonrojo alguno, por los embarrados senderos de la copia, el oportunismo y la estafa. Desde su infame obra cumbre, “Año 225 después del Holocausto”, sin olvidar la secuela apócrifa de “Terminator” o esa especie de sucedáneo-barra-remake de “Depredador”, hasta llegar a esta fraudulenta quinta entrega de la saga “Tiburón“, aka “Mandíbulas Crueles”. Tiene tela la cosa.

Si no hay dinero para FX, apóyate en el elenco (obviando por completo el tema guión). Mattei se despanzurra sobre un reparto que invita al consumo desmedido de farlopa. Tenemos al dueño del acuario local (un inquietante doble de Hulk Hogan), a su hija paralítica y huérfana de madre que nada con los delfines, a la sana y comprometida muchachada del pueblo (de pelajes y actitudes sacadas de la Superpop), un alcalde pusilánime, el sheriff echado “pa’lante” y un corrupto promotor inmobiliario con conexiones con la mafia, secundado por unos esbirros dignos de una discoteca ibicenca. La acción, por supuesto, se sitúa en una localidad costera que vive de los turistas que acuden cada temporada a sus playas, actividad que, evidentemente, entra en colisión directa con el tiburón cabrón que se dedica a devorar a los bañistas de manera indiscriminada y sin atisbo alguno de racismo en sus fechorías; conflicto de intereses que Mattei exprime cual maestro de la intriga.

Eso sí, al bueno de Bruno hay que reconocerle su faceta de nostálgico empedernido, y sus cojones a la hora de recuperar el recurso de la noche americana, con un alucinante filtro azul del todo a cien, para filmar unas “escenas nocturnas” de factura aterradora y definición en modo -masa de pizza informe-. La colección de inolvidables postales se completa con momentos dramáticos (la niña y su silla se precipitan al mar), épicos (la caza del escualo con escopetas recortadas) e impactantes (arponeando a la bestia desde un helicóptero que se zambulle inexorablemente en las profundidades del gran azul). Entre medias unas explosiones fortuitas, inexplicables y aplicadas con el tacto de un martillo de bola, y ese tiburón de aspecto, forma y tamaño cambiante que muta en cada plano. Impagable el trabajo del tal Larry Mannini, acreditado como “diseñador del tiburón”, con un par.

Manu Castro (1/10)
@ManuCastroLSO
(01-12-2015) (Peor Imposible 2015)

 

• Lo mejor: Igual si la ves con alguien majo…
• Lo peor: No nos cebemos, son risas garantizadas.

 

 

Tiburón 5: Mandíbulas Crueles (1995)

 

Título Original: Cruel Jaws | Género: Acción / Aventuras / Terror / Comedia | Nacionalidad: Italia / USA | Director: Bruno Mattei | Actores: David Luther, George Barnes Jr., Scott Silveria | Productor: John Kent | Guión: Robert Feen, Bruno Mattei, Linda Morrison | Fotografía: Luigi Ciccarese, Ben Jackson | Música: Michael Morahan | Montaje: Bruno Mattei

 

Sinopsis: Un tiburón tigre (o tiburón blanco, según la escena de la película), criado por la Marina como una máquina de matar, está haciendo estragos en el pueblo turístico de Hampton Bay. Mientras tanto, la mafia local que se dedica a las inversiones en bienes raíces, envía a sus matones para que la situación no pueda ser controlada por las autoridades, y los residentes se vean forzados a abandonar sus casas. Dag, el dueño del acuario Sea World, junto con sus delfines, vienen al rescate para salvar a Hampton Bay.

 

 

Tiburón 5: Mandíbulas Crueles (1995)