Turbo Kid (2015)

 

Yo habría hecho un derrape que te cagas.

Esta película huele a verano y sabe a esas interminables tardes estivales que se alargaban hasta la noche, cuando nos subíamos a nuestras bicis (la mía era una BH California de color rojo) y tan sólo teníamos que empezar a pedalear para que diera comienzo una aventura cojonuda. Echar la mirada atrás y recordar con agrado aquellos días del pasado, es síntoma de que ya tenemos una edad, la ideal para que nos consideren el público objetivo de esta cinta, una sobredosis de nostalgia ochentera titulada “Turbo Kid“. François Simard, Anouk Whissell y Yoann-Karl Whissell se encargan de escribir y dirigir un proyecto surgido del disparatado cortometraje “T is for Turbo“, incluido en la antología de terror “The ABCs of Death“. La gran acogida que obtuvo su primera obra, animó a este simpático trío de realizadores canadienses, que no dudaron en retomar y engrandecer su peculiar retrofuturo posapocalíptico, convirtiéndolo en un batiburrillo plagado de guiños al cine de los ochenta (a las producciones de la Cannon). Es este un ejercicio de añoranza articulado en torno al sonido de los sintetizadores de una formidable banda sonora y la violencia gráfica de su exagerado apartado gore –que parece manufacturado por el mismísimo Peter Jackson–. Esta peli habría volado de la estantería de cualquier videoclub de barrio.

El mundo del mañana está devastado. Todo son ruinas y yermo radioactivo. El agua y la comida escasean. No existe la Ley, más allá de la que imponen los más brutales. Esta es una distopía dotada del pack completo de calamidades. El año es 1997 y en cualquier momento podría aparecer Max Rockatansky montado en su Interceptor V8, pero no. Aquí el protagonista es The Kid (Munro Chambers), un muchacho que se ha criado sólo, entre cómics antiguos y objetos de un mundo que ya no existe. Su medio de transporte no es otro que una bicicleta BMX, con la que va de aquí para allá, pedaleando entre chatarra, polvo y muerte. Aunque el mayor peligro para su integridad física lo representa Zeus (a quien da vida el mítico Michael Ironside), líder de la salvaje banda de canallas que controla el territorio donde vive. Para enfrentarse a tan peligroso enemigo contará con la ayuda de un par de peculiares aliados, incluida la enigmática Apple (Laurence Leboeuf). “Turbo Kid” es un festival gamberro donde la nostalgia se mancha de sangre (mucha); una aventura de ciencia-ficción que incluso tiene tiempo de ponerse tierna, antes de retomar la truculencia más desatada en un epílogo dominado por la casquería. Lógicamente, esta propuesta satisfará a un público muy concreto, compuesto por sujetos que hayan experimentado la fruición que genera la serie B sandunguera y desvergonzada. En definitiva, aquellos que en su día rebobinaron el VHS de “Los Bicivoladores“, después de visionar “Mal Gusto” y “Mad Max II: El Guerrero de la Carretera“, se lo pasarán pipa en esta verbena.

Manu Castro (7/10)
@ManuCastroLSO
(18-05-2017)

 

• Lo mejor: La pareja protagonista y la banda sonora.
• Lo peor: No se atreve a ir más allá del guiño y el homenaje a sus muchos referentes.

 

 

Título Original: Turbo Kid | Género: Acción / Aventuras / Ciencia Ficción / Comedia | Nacionalidad: Canadá / Nueva Zelanda / USA | Director: François Simard, Anouk Whissell, Yoann-Karl Whissell | Actores: Munro Chambers, Laurence Leboeuf, Michael Ironside | Productor: Benoit Beaulieu, Anne-Marie Gélinas, Tim Riley | Guión: François Simard, Anouk Whissell, Yoann-Karl Whissell | Fotografía: Jean-Philippe Bernier | Música: Jean-Philippe Bernier, Jean-Nicolas Leupi, Le Matos | Montaje: Luke Haigh

 

Sinopsis: En un futuro posapocalíptico, el agua es un bien muy preciado y en todo el mundo sólo hay una ley, la del más fuerte. The Kid es un joven que se ha criado sólo en un mundo duro y cruel, gracias sobre todo a la ayuda de cómics retro y otros objetos de tiempos pasados que se han convertido en su particular obsesión. Con la ayuda de compañeros que irá encontrando a lo largo de su camino, deberá luchar contra Zeus y su grupo de salvajes que se han auto-proclamado los jefes de todo el territorio.