Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas (2017)

 

Mil planetas, y no echan nada interesante en ninguno.

Es el del cine un mundo de licencias y préstamos, de homenajes, copias y plagios descarados. No debería ser este hecho analizado sólo como algo intrínsecamente negativo, sobre todo si entendemos el fenómeno como un nutritivo feedback entre autores que engrandece al medio. Si en un principio fue la obra de Pierre Christin (guión) y Jean-Claude Mézières (dibujo) parte de la “inspiración” de la que George Lucas se sirvió para construir la space opera más popular de todos los tiempos (la deuda se extiende a Buck Rogers, Flash Gordon y el “The Long Tomorrow” de Moebius y Dan O’Bannon), ahora Besson se fija con descaro en una galaxia muy lejana –también en el Cameron más azul y en un buen puñado de musas más– para reivindicar las viñetas originales de una obra fundamental para la ciencia-ficción posterior. Y lo hace a través de una aventura consagrada a la desmesura; no se trata sólo de propensión al exceso, sino de la decidida consecución de un sueño constreñido durante años por limitaciones técnicas y presupuestarias. Este alucinógeno paseo galáctico, respaldado por un apartado visual que causa asombro en incontables ocasiones, supone el capricho definitivo de un Besson que no sabe muy bien qué hacer con su demasiado demorado regalo de Navidad.

Es su Valerian el fruto de la tenacidad y la megalomanía de un cineasta que ha tenido que esperar toda su vida profesional para completar la adaptación del serial de historietas que alimentó su imaginación infantil. Es por eso que, en este caso puntual (hay otros similares; ahí está el “King Kong” de Peter Jackson, por ejemplo), uno acude a la sala de cine con la ilusión de ver una obra mimada y personal, una película ungida de ese toque especial que surge de la dedicación y el entusiasmo de quien se entrega por completo a la realización de un gran objetivo a largo plazo. Son las expectativas una fuerza poderosa; hoy día transformada en la antesala de la amarga decepción en demasiadas ocasiones. Lo que arranca con una elipsis temporal maravillosa, al ritmo del Space Oditty de Bowie, y prosigue con la cautivadora visita a un mundo alienígena de una potencia visual incontestable, acaba por morder el polvo (demasiado pronto y de manera brutal) en la caótica parada en un mercado multidimensional que engulle todo el ritmo de la narración cuando apenas hemos conocido a la insulsa pareja de protagonistas, Valerian y Laureline, dos agentes y detectives al servicio de la poderosa Federación de Planetas del siglo XXIII.

Su misión, de una importancia más que vital, nos introduce en esta galaxia de ilimitadas formas de vida, en la que todo parece posible. Besson nos lleva de la mano por asombrosos mundos alienígenas; a ratos parece que paseemos por las arenas de Tatooine (el Gran Bazar) o la bulliciosa Coruscant (la abigarrada Alpha) –de nuevo la retroalimentación estética entra en juego–. Mientras, el inconexo y confuso guión trata de formular un par de incógnitas que alimenten la nula tensión dramática de una trama que parece más interesada en propiciar una impostada tensión sexual entre Dane Dehaan (un Han Solo de carnaval chungo) y Cara Delevingne (competente chica de acción que parece capaz de arrasar a su compañero con el ligero movimiento de sus cejas). Una pena, porque el planteamiento del problema es magistral: algo (muy) malo ocurre en un planeta lejano, llueve fuego de los cielos… Entonces contactamos con el insulso dúo de pipiolos, y comienzan los mil problemas de esta aventura, compendio de ocurrencias que parecen salidas del cajón de sastre donde yacían las ideas descartadas de “El Quinto Elemento“. Su indiscutible potencia visual, de vacuidad onanista en la mayor parte de secuencias de efectos especiales, trata de compensar el socavón que supone la visita a las callejuelas del Gran Bazar –primera secuencia de acción de la cinta que marca el tono caótico, incoherente y torpe del resto de la narración–.

¡Más criaturas delirantes, es la guerra! Ni el todopoderoso apartado técnico de la producción es capaz de insuflar algo de vida a este estéril crisol de fútil imaginería, siempre al servicio de una trama insustancial y unas escenas de acción impropias de una space opera de aventuras. También falla el habitual toque de humor de Besson; aunque la propuesta tiene la virtud de no tomarse en serio a sí misma, su vis cómica deja mucho que desear (aquí no hay croqueta Géminis o Multipase que valga). En la vasta zona gris de la producción, encontramos a todos y cada uno de los personajes secundarios (incluidos los seres digitales), con Clive Owen ejerciendo de impávido ejemplo a seguir para el resto del elenco, y la imperceptible partitura de Alexandre Desplat (se echa en falta a Éric Serra), que no duda en aliarse con la falta de nervio y épica que emana del discurso perpetrado por esta desangelada peripecia espacial; una travesía cósmica que parece rechazar –de manera inconsciente quiero creer– su origen de serial pulp. Ignoro las intenciones futuras de Besson o la vocación de saga de la película, pero en este universo controlado por el ominoso imperio Disney, y atendiendo sobre todo a la fragilidad conceptual de este proyecto, la nave de Valerian y Laureline parece condenada al taller de reparaciones.

Manu Castro (6/10)
@ManuCastroLSO
(23-08-2017)

 

• Lo mejor: Quizá sirva para reivindicar un merecido hueco en el mainstream cultural para las viñetas de “Valerian: Agente Espacio-Temporal” (más tarde denominadas “Valerian y Laureline“).
• Lo peor: Para no hacer más leña del árbol caído, se echa en falta un cameo de Bruce Willis, Milla Jovovich o los Mondoshawan.

 

 

Título Original: Valerian and the City of a Thousand Planets | Género: Acción / Aventuras / Fantástico / Ciencia Ficción | Nacionalidad: Francia / China / Bélgica / USA / Alemania / Reino Unido / Canadá | Director: Luc Besson | Actores: Dane DeHaan, Cara Delevingne, Clive Owen | Productor: Luc Besson, Virginie Besson-Silla, Camille Courau | Guión: Pierre Christin, Jean-Claude Mézières, Luc Besson | Fotografía: Thierry Arbogast | Música: Alexandre Desplat | Montaje: Julien Rey

 

Sinopsis: Valerian (Dane DeHaan) y Laureline (Cara Delevingne) son dos agentes especiales que se ocupan de mantener el orden en todo el universo. Su relación no es lo que se dice romántica, aunque Valerian, un seductor con un amplio historial de conquistas a sus espaldas, busca algo más que una relación profesional con su compañera y por eso persigue abiertamente a Laureline con constantes proposiciones, que ella, de carácter más tradicional, rechaza una y otra vez.

El comandante Arün Filitt (Clive Owen) les envía a cumplir una importante misión en la impresionante ciudad intergaláctica de Alpha, una metrópoli en constante crecimiento en la que conviven miles de especies distintas que proceden de todos los rincones del universo. Después de siglos de paz y prosperidad en la que los diecisiete millones de habitantes de Alpha han unido sus talentos, tecnología y recursos por el bien común, una fuerza desconocida quiere poner en grave peligro la localidad y destruirla. Convertidos en los guardianes del futuro de Alpha, Valerian y Laureline disponen de menos de 10 horas para encontrar la amenaza y eliminarla. Ahora, el destino de esta ciudad y de todo el universo está en sus manos.