Gomia, Terror en el Mar Egeo (1980)

 

¿Qué hay para comer?

Gomia suena a monstruo de la productora Toho, pero en realidad es una pequeña y remota isla griega situada en el mar Egeo. Hasta ella llegan unos turistas que realizan un crucero en un pequeño yate. Al atracar se dan cuenta de que el lugar está completamente desierto, salvo por la presencia de una mujer que huye nada más verlos. Todo indica que algo extraño sucede. La aparición de los primeros cadáveres parcialmente devorados confirma nuestras sospechas (pequeños spoilers durante la reseña). Pronto comienzan a tomar decisiones absurdas, de esas que acaban por costarle la vida a algún imbécil. Para empezar, dejan a la embarazada del grupo sola con el marinero anónimo que tiene todas las papeletas para cascarla en primer lugar. Luego pierden el barco, que se aleja de la costa arrastrado por la corriente. Más tarde se desata una tormenta que les obliga a buscar refugio en una de las casas del pueblo. La velada apesta a tragedia. La noche transcurre adornada por una pintoresca sucesión de rayos y truenos (la sincronización entre luz y sonido es perfecta, pero imposible; algo habitual en el género), y los mendas empiezan a oír todo tipo de ruidos chungos. A una de las chavalas se le ocurre ir a investigar el origen de la baraúnda. Las ansias de morir parecen grandes. El más gilipollas del grupo la sigue y se marca un «espérame, que voy contigo», pero blandiendo un cuchillo. El tono de la escena marca el inicio del modo slasher. Continúan las pesquisas. En el sótano, una joven ciega, que estaba oculta en un tonel de vino (creo), apuñala en la espalda al gracioso. Queda establecido el conflicto: la invidente y la extraña mujer del principio son las únicas supervivientes del ataque de un ser antropófago que se ha jalado crudos a los lugareños.

Hace casi cuarenta años, Joe D’Amato ya combatía el turismo de masas utilizando a George Eastman (colaborador habitual del director italiano) como repelente para viajeros incautos. Este último interpreta a un ser ultra desagradable que se dedica a dar mordiscos a la peña. Sus gustos culinarios son bastante peculiares. El resto del elenco forma parte del menú de un caníbal psicópata de aspecto repugnante y modales propios de una alimaña. D’Amato y Eastman (acreditados con sus verdaderos nombres, Aristide Massaccesi y Luigi Montefiori) son los autores de un guión que parece el libro de recetas del infierno. Al menos en su parte final, porque la primera hora de metraje es un sinsentido bastante aburrido. El libreto no indaga demasiado en las motivaciones del trastornado y se centra en ingredientes menos sabrosos. Eso sí, una vez que hace acto de presencia el asesino, el film se transforma en un slasher sanguinolento y muy burro. Las salvajadas se encadenan una tras otra y cada nueva víctima acaba peor que la anterior. Aquí la cinta no defrauda y la ración de violencia es generosa. No obstante, si por algo se recuerda este título es por dos escenas de brutalidad desatada. Spoilers. En la primera, Eastman le practica un aborto a la embarazada y luego devora al feto (en realidad era un conejo muerto). La segunda tiene lugar justo al final de la película, cuando el caníbal recibe un disparo en el abdomen. Sus intestinos comienzan a desparramarse y el tipo se los come según salen. Curiosamente, esta secuencia es la que ilustra el icónico póster de la cinta. Debido a este dispendio gore, la retrógrada British Board of Film Classification (BBFC) incluyó la producción en su lista de videos «nasty» de 1984. Incluso fue tildada de película snuff en una historia que apareció en la BBC…

Y la censura alimentó la leyenda. No es difícil imaginarse a Joe y George escribiendo el guión mientras lanzaban sus más oscuras ideas al ruedo de papel. «¿Y si se come al bebé?» «No hay cojones». «¿Qué no hay cojones? Sujétame el cubata…» Actualmente, «Gomia, Terror en el Mar Egeo» (también conocida como «Antropophagus» o «Anthropophagus: The Grim Reaper«) está considerada un film de culto. Esto no consigue enmascarar sus evidentes deficiencias técnicas y artísticas (hay pocas películas peor fotografiadas que esta, y la iluminación, no me dejéis hablar de la iluminación…), pero hay que reconocer que este título es una rareza difícil de ubicar incluso dentro del variopinto subgénero de películas de caníbales. A pesar de los diálogos absurdos y las situaciones demenciales, la desaprovechada atmósfera y ese absurdo trío amoroso metido a martillazos, la cinta genera un mal rollo visceral, y George Eastman consigue que ensuciemos la ropa interior en varios momentos. No es la obra más redonda de D’Amato, desde luego, director que venía de rodar giallos bastante destacados –»La Muerte Sonríe al Asesino» (1973) o «Demencia» (1979) entre otros–, pero puede que sea su película más popular. Pululando por la producción nos encontramos con algunos rostros habituales del cine de horror y los films de explotación. A la protagonista, Tisa Farrow, la recordaréis de «Nueva York bajo el Terror de los Zombies» (Lucio Fulci, 1979), mientras que Zora Kerova aparecía en «Caníbal Feroz» (Umberto Lenzi, 1981) y «El Destripador de Nueva York» (Lucio Fulci, 1981). Todos juntos construyeron un film nauseabundo y enfermizo, que revuelve el estómago, y eso es un mérito que pocas propuestas de este tipo llegan a alcanzar.

Manu Castro (3/10)
@ManuCastroLSO
(28-10-2018)

 

• Lo mejor: George Eastman da un asco increíble.
• Lo peor: La primera hora es un coñazo.

 

¿Sabías que…? Apenas un año después de realizar «Antropophagus«, el mismo equipo artístico y técnico rodó una película llamada «Rosso Sangue» (1981), estrenada internacionalmente con el título «Absurd«; aunque también es conocida como «Antropophagus 2» y «The Grim Reaper 2«, creando la falsa percepción de que se trata de una secuela.

 

 

 

Título Original: Antropophagus | Género: Terror / Thriller | Nacionalidad: Italia | Director: Joe D’Amato | Actores: Tisa Farrow, Saverio Vallone, Serena Grandi | Productor: Joe D’Amato, George Eastman, Oscar Santaniello | Guión: George Eastman (como Luigi Montefiori), Joe D’Amato (como Aristide Massaccesi) | Fotografía: Enrico Biribicchi | Música: Marcello Giombini | Montaje: Ornella Micheli

 

Sinopsis: Un grupo de amigos pasa las vacaciones navegando por las islas griegas y acaba desembarcando en Gomia, una pequeña isla paradisiaca. Al tomar tierra, descubren que la isla está prácticamente vacía y que sus habitantes han desaparecido sin dejar rastro. Una temible criatura con sed de sangre acecha la isla y quiere acabar con los recién llegados.