Le Llaman Bodhi (1991)

 

Corre, Reagan, corre.

Un pipiolo del FBI aterriza en la soleada California y se topa con un bello gurú del surf. Su relación es complicada, porque el primero detiene cacos y el segundo atraca bancos; así que intentan resolver la tensión sexual que surge entre ambos a base de persecuciones y saltos en paracaídas. Pero no adelantemos acontecimientos. Bodhi es el líder de una banda de surfistas tarados que se dedican a atracar bancos para costear sus actividades acuáticas por todo el mundo. Los muchachos no son avariciosos, y sisan lo justo para ir tirando de verano en verano. Entran, roban y salen de las sucursales con limpieza y rapidez. Son metódicos y disciplinados, y traen de cabeza al Departamento de Policía de Los Ángeles y al Buró Federal de Investigación, a cuya división de robos y atracos llega el novato –aunque sobradamente preparado– Johnny Utah. Como va vestido de traje, da la impresión de ser un pijo remilgado, pero no es así; en su interior late un corazón salvaje (sic). Continuando con los clichés propios del cine policiaco, colocan al chaval como compañero de un agente veterano que está de vuelta de todo, Angelo Pappas. Este par de parias elabora entonces una rebuscada hipótesis acerca de los autores de la cadena de asaltos: efectivamente, se trata de un grupo de surfistas soplapollas, fanáticos de la adrenalina. Nadie los cree, pero nosotros sí; nosotros estamos con Utah a partir un piñón, porque el resto del FBI es una panda de capullos impresentables. Ya sabéis, mucha policía, poca diversión. Ligeros spoilers de aquí al final.

“You gonna jump or jerk off?” Al estar Pappas bastante cascado para cabalgar las olas, es Johnny el encargado de aprender a hacer surf con el fin de infiltrarse en ese peculiar mundillo de cera y arena. Haciendo justicia a su fama de espabilado, contacta con una monitora monísima, Tyler Ann Endicott, y empieza a dar clases intensivas encima de la tabla. Huelga decir que es difícil concretar quien de los dos es más guapo, y que mojados están aún mejor. A Johnny no sólo comienza a hacerle tilín la moza, sino que le pilla el gusto al bañador y la playa. El muchacho empieza a tener dudas acerca de su carrera en el FBI y su futuro profesional. Además, su jefe es un mierdoso y nadie valora su entrega… lo típico. Cuando conoce a Bodhi, que es un antisistema precioso, de melena rubia y piel bronceada, el mundo de Utah acaba por desmoronarse. Todo lo que está viviendo es mierda muy intensa… y un momento de debilidad lo tiene cualquiera. El agente federal pierde la perspectiva del asunto junto a una fogata, tras un baño nocturno, y llega tarde a una redada en casa de unos surfistas nazis (esta peli tiene de todo). Los atracos continúan, aunque ahora el caso es lo de menos. Cuando Utah ama, ama de verdad. Pero no iba a ser todo dulce romero y vino a la orilla del Océano, y por mucha filosofía de saldo y pellote mexicano que consuman todos juntos, la sociedad acaba colocando a cada uno en su sitio: a la carrera, el poli tras el ladrón. Y es una pena, porque hacían buena pareja… A estas alturas de la cinta, Kathryn Bigelow ya nos ha deslumbrado con un puñado de espectaculares imágenes y unas escenas de acción electrizantes. Preparaos, la recta final nos reserva lo mejor y más acojonante.

La persecución a pie, tras el segundo robo que presenciamos, marca el tono del resto de la película. Ya no hay lugar para el descanso; tomad aire. La pateada que se pegan estos dos es épica. Entre calles, casas y callejones, la secuencia es brillante y anticipa una traca final memorable. Todo se desmadra, la partitura de Mark Isham se desboca, la piel de gallina, Keanu no quiere matar a su colega, vacía el cargador en el aire y grita: ¡Ahhh! Esto es cine de acción de los noventa, molón, loco, hortera, macarra. “Le Llaman Bodhi” es un film de culto maravilloso: por ellos (Patrick Swayze, un auténtico ídolo después de “Dirty Dancing” –más aún tras este film– y Keanu Reeves, estrella en ciernes, forman una pareja protagonista insuperable); por la acción (surf extremo, paracaidismo, tiroteos y persecuciones que quitan el hipo); por ella (Lori Petty, aunque su carrera posterior fue más bien discreta, aquí está deslumbrante); por los ex presidentes (Regan, Nixon, Johnson y Carter nunca han estado mejor representados); por Pappas (Gary Busey suele interpretar papeles nauseabundos, pero en esta ocasión apetece abrazarlo); en definitiva, por todo. Incluso resulta divertida la sobredosis de chorradas surferas y la espiritualidad de mercadillo. “No es trágico morir haciendo lo que te gusta”. “Para vivir lo más fuerte, quizá tengamos que pagar el precio más alto”. Todo termina en Bells Beach, Australia, con la apoteósica tormenta de los cincuenta años; un verdadero vendaval de todo lo que nos hace respirar y movernos. “¡Vaya con Dios!”

Manu Castro (8/10)
@ManuCastroLSO
(25-11-2001)

 

• Lo mejor: “¡Los abogados no hacen surf!” “Este sí”.
• Lo peor: Perdono la traición de Utah a regañadientes.

 

 

Título Original: Point Break | Género: Acción / Aventuras | Nacionalidad: USA | Director: Kathryn Bigelow | Actores: Patrick Swayze, Keanu Reeves, Gary Busey | Productor: Peter Abrams, Robert L. Levy | Guión: Rick King, W. Peter Iliff | Fotografía: Billy Clevenger, Donald Peterman | Música: Sharon Boyle, Mark Isham | Montaje: Howard E. Smith

 

Sinopsis: Johnny Utah es un rebelde. Siempre busca el límite del riesgo. Decide unirse al FBI y es enviado a Los Ángeles. Se le asigna la investigación de un caso de robos de bancos y ha de trasladarse a la costa de California. Allí conoce a Bodhi, un personaje peligroso que muestra al joven agente del FBI un modo distinto de enfocar la vida e, incluso, de verse a sí mismo. Ahora, Johnny, a través de una serie de explosivas aventuras, aprenderá la lección más importante que le da Bodhi: si quieres una experiencia total, hay que estar dispuesto a pagar un precio… Acción espeluznante en un duelo a muerte entre dos amantes del peligro.