Rogue One: Una Historia de Star Wars (2016)

 

Una pizca de esperanza.

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, en la que los estudios de cine no atendían tan sólo a las memeces de la mercadotecnia, era inconcebible que un contable con ínfulas de cineasta se atreviera a dar la orden de rodar cincuenta minutos adicionales para hacer encajar una película dentro de los estándares comerciales de la multinacional de turno. Por desgracia, tal ignominia está hoy a la orden del día. Igual esto os parece un pijada, una anécdota para despachar noticias sensacionalistas de vez en cuando, pero se ha convertido en habitual que un “comité técnico” revise el material rodado (con el visionado de un montaje previo) y, en el escaso margen de unos meses, acuerde rehacer, pervertir, violentar e incluso destruir el trabajo de directores y guionistas. A Gareth Edwards le jodieron casi una hora de film porque algún gilipollas de la Disney –con nombre y apellido– sentenció que la primera versión de “Rogue One” era demasiado oscura; menuda obsesión tienen los tipos del ratón con la maldita oscuridad. Un machaca de la casa –también con nombre y apellido– se encargó de “enmendarle la plana” al director de “Monsters“. Así pues, la película que pudo haber sido se desvaneció hace tiempo en el vergonzoso cosmos que alberga al cine comercial de multisala.

Hace medio año de esto. Seis meses antes del estreno se retoca media película; y no la rodaron entera de nuevo por falta de tiempo, os lo digo yo. Bienaventurados los problemas de agenda. Todo un esperpento, más aún si analizamos el resultado final. Que les pillara el toro ha resultado ser toda una bendición. Gracias a semejante desbarajuste se han “colado” cosas interesantes. Edwards nos había prometido un drama bélico brutal y áspero; algo de eso queda. Ese tono contundente, violento, sucio, de guerrilla, ha pasado en gran medida el filtro. Por momentos sorprende la crudeza de la acción y el trasfondo político de la trama, de pretensiones ligeramente subversivas –aunque planteadas de manera un tanto burda en ciertas ocasiones–. Algunas escenas nos recuerdan a los devastados escenarios bélicos de Oriente Medio; hay una evidente conexión estética con lo que podría ser una operación militar en Irak o Afganistán. El imperio, sustentado por su ilimitado poder armamentístico, oprime sin medida a un pueblo ocupado. Se organiza una resistencia, una Alianza Rebelde. La cinta incluso se atreve a pronunciar la gran palabra tabú de los Estados Unidos post 11-S: aquí se habla de terroristas. Más tarde, durante la recta final, el acercamiento bélico mira con decisión a la iconografía de la guerra de Vietnam. Hay conflicto, guerra abierta. Si es esta la versión rebajada con agua, light, no quiero imaginar cómo sería ese primer montaje que escandalizó a la Disney. Hay un nutritivo calado ideológico en “Rogue One“; no se trata de un espectáculo neutro en plan “Godzilla“.

Pero antes de los disparos láser y las explosiones, nos enfrentamos a una primera parte más sosegada, incluso dispersa, de desarrollo hierático y montaje inconexo. “Rogue One” arranca con un conflicto familiar. En un primer momento se establecen las bases de un dramatismo de saldo; tosco recurso que veremos intercalado, a mamporro limpio y con escasa fortuna, a lo largo del metraje –también esto huele a imposición del estudio, incluso atendiendo a los dejes lacrimógenos propios de Edwards–. Redenciones paterno-filiales al margen –aunque debemos asumir su condición de hilo conductor de la parte dramática de esta historia–, lo que de verdad importa es comprobar cómo encaja esta aventura dentro del universo “Star Wars“. No nos engañemos, estamos ante un bis de las trilogías principales, ideado y concebido para fans, para cazadores de guiños y buscadores de referencias. Si “El Despertar de la Fuerza” se organizaba entorno a una dosis nostálgica de aúpa, con una trama constreñida por los cánones de la franquicia y el guión de “Una Nueva Esperanza“, “Rogue One” abraza al seguidor de la saga, al acólito febril, le gira la cabeza y dirige su mirada hacia un carrusel de detalles, convertidos en regalos para el más observador de los entusiastas. El leitmotiv es conciso: hemos venido a divertirnos, pero sin hacer mucho el gilipollas. Se agradece. Este spin-off no depende de ñoñerías. Incluso los cameos (digitales algunos, memorables todos) están a disposición del macguffin que supone la obtención de los planos de la Estrella de la Muerte.

Universo expandido: de Jedha a Scarif. La otra gran cualidad de la película, aventura que vuela libre durante bastante tiempo, es la oportunidad que nos brinda a la hora de descubrir un puñado de nuevos personajes y los exóticos parajes del borde exterior en los que transcurre la trama. Se pasean por aquellos lares unos cuantos sujetos destacados, sobre todo K-2SO –un androide del imperio reprogramado para servir a la Alianza Rebelde– y Orson Kren (Ben Mendelsohn) –un malo cabronazo y arribista a la altura de la saga–. En el reverso tenebroso del elenco nos topamos con los desaprovechados Mads Mikkelsen y Forest Whitaker. La escasa presencia en pantalla de Felicity Jones y Diego Luna, por momentos un par de sosos sin nervio ni carácter, es una sorpresa un poquito desalentadora, aunque sus personajes ganan en coraje y garra a medida que avanza el metraje. Por la zona templada transita Donnie Yen, con su rol de monje ciego que repite, cual mantra, aquello de: “Soy uno con la Fuerza, la Fuerza está conmigo”. Claroscuros en el reparto, y también en la banda sonora. Una de las papeletas más jodidas la tenía Giacchino; el tío sale del paso, cumple, pero la sombra de Williams es, además de alargada, densa, y los nuevos temas compuestos ex profeso para “Rogue One” se antojan algo pírricos y desganados (exceptuando la melodía principal). Y de esta manera llegamos a los últimos cuarenta minutos de aventura espacial. A Gareth Edwards le gusta hacer aparecer cosas grandes de entre la niebla, y esta vez les toca a los AT-AT.

Colosales batallas estelares protagonizadas por destructores y cazas imperiales, enfrentados todos ellos a la desvencijada flota rebelde. Pruebas de armamento, explosiones masivas, secuencias abrumadoras que alzan el nivel visual de esta propuesta hasta más allá de lo rotundo y asombroso, hacia el Olimpo de la space opera ideada por Lucas. Entre otras cosas, “Rogue One” es un sentido homenaje a uno de los grandes iconos de la saga: la Estrella de la Muerte. Sé que parece una obviedad, pero hay planos de la estación de combate que hielan la sangre. Piel de gallina, oiga. En realidad, esta oda se hace extensible a casi toda la ominosa maquinaria bélica del imperio; un destructor estelar suspendido en la atmósfera de un planeta desértico no se ve todos los días. Los desbordantes CGI, con esencia de maqueta, engrandecen el imaginario de la saga y nos proveen de nuevas y potentes imágenes con las que deleitarnos. Toda recta final es un prodigio técnico, un tour de force hipnótico que nos conduce a un desenlace ciertamente épico, epílogo que tiende un puente, tan firme como emocionante, con el “Episodio IV“. Vemos brotar la esperanza. Darth Vader consigue erizar de nuevo nuestro vello y, aunque se echa en falta algo más de ímpetu dentro del escuadrón rebelde en su asalto a Scarif, uno sale del cine con unas ganas tremendas de ver “A New Hope“. Spoiler. Además, “Rogue One” ata en firme uno de esos cabos sueltos de la trilogía original: nunca se trató de un error garrafal, sino del diseño premeditado de un punto débil en el arma definitiva de la galaxia.

Manu Castro (8/10)
@ManuCastroLSO
(17-12-2016)

 

• Lo mejor: Es una historia de “Star Wars” entretenida, contundente y, a ratos, emocionante.
• Lo peor: Desconocer lo que pudo haber sido.

 

¿Sabías que…?Star Wars: Dark Forces” fue el primer FPS basado en el universo de “Star Wars” y uno de los primeros videojuegos comercializados en formato CD-ROM, por su considerable tamaño para la época (debido en su mayor parte a las secuencias de vídeo que incorporaba). El protagonista del videojuego es un mercenario llamado Kyle Katarn, que trabaja para la Alianza Rebelde. En la primera misión de la aventura ha de robar los planos de la Estrella de la Muerte. Más adelante, el hilo argumental se desvía de las películas, llevando a Katarn a enfrentarse con las misteriosas Dark Forces del Imperio Galáctico.

 

 

Título Original: Rogue One: A Star Wars Story | Género: Acción / Aventuras / Ciencia Ficción | Nacionalidad: USA | Director: Gareth Edwards | Actores: Felicity Jones, Diego Luna, Alan Tudyk | Productor: Simon Emanuel, Kathleen Kennedy, Allison Shearmur | Guión: Chris Weitz, Tony Gilroy, John Knoll, Gary Whitta | Fotografía: Greig Fraser | Música: Michael Giacchino | Montaje: John Gilroy, Colin Goudie, Jabez Olssen

 

Sinopsis: En una época de conflictos, un grupo de héroes inverosímiles emprende una misión para robar los planos de la Estrella de la Muerte, el arma de destrucción definitiva del Imperio. Este acontecimiento clave de la cronología de “Star Wars” reúne a gente corriente que elige hacer cosas extraordinarias, y de esta forma estarán formando parte de algo más grande que ellos mismos.