Tiburón: La Venganza (1987)

Tiburón: La Venganza (1987)

 

Avistado un tiburón cabrón en aguas cristalinas.

Todos pasamos por malas rachas a lo largo de nuestra vida, incluso los actores, directores y guionistas tienen sus momentos de bajón. Digo más, pues las maquetas mecanizadas de tiburón también atraviesan situaciones muy jodidas. En este proyecto confluye un montón de gente hecha auténtica fosfatina, destacando sobre todo a su guionista, Michael De Guzman, responsable de una trama que debería haberse ido por el retrete la noche que se le ocurrió. Os pongo en antecedentes: Ellen Brody (repite Lorraine Gary) sigue viviendo en la pequeña isla de Amity. Allí también reside su hijo menor, Sean, que ahora es agente de policía, como lo fue antes su fallecido padre, Martin (muerto a causa de un ataque al corazón provocado por su miedo a los escualos). Bonita forma de despachar al personaje interpretado por Roy Scheider. El caso es que es Navidad y hace frío, hay nieve en las calles del pueblo y un (puto) tronco flotando en la entrada del puerto; al joven Sean le toca pringar. Joseph Sargent, que antes de filmar este bodrio tuvo momentos mucho más inspirados en su carrera, va al grano. Aparece un tiburón blanco hijoputa y liquida de dos bocados al pequeño de los Brody –familia que ya está tardando en hacer las maletas para irse a vivir al desierto de Sonora–.

Maldito drama el provocado por el tiburón asesino. A Ellen, lógicamente, se le va la pinza, y se convence de que el tiburón ha venido a vengarse, de ahí el título de la película, “Tiburón, la Venganza” –también yo tengo mis momentos de perspicacia, además, “Tiburón 4” sonaba aún más a truño–. El hermano mayor, Michael (Lance Guest), que ahora es biólogo marino –tras su curro de ¿ingeniero? en el “Mundo Marino” de la tercera entrega–, acude al funeral, ve chunga a su madre y se la lleva a otra isla. Sí, más cálida, paradisíaca y todo lo que vosotros queráis, pero, a fin de cuentas, otro pedazo de tierra rodeado de agua. A esta familia le van las emociones fuertes. Puntualizo que no estamos ante una secuela directa, ya que esta entrega se fuma el argumento de “Tiburón 3-D” sin mayor problema. Abandonamos Amity rumbo a las Bahamas. Pilota la avioneta Michael Caine. No recurriré al cliché de “necesitaba la pasta”, pero, necesitaba la pasta.

A la media hora todo apesta como pescado al sol. Spoilers. Yo me pregunto, ¿quién fue el listo que propuso trasladar la acción de la cinta a aguas tan cristalinas, en las que la visibilidad es perfecta? Seguramente alguien que no había visto la pedazo de mierda de maqueta que se iba a usar en el rodaje; maqueta cutre, ramplona, de movilidad escasa y apariencia (muy) falsa. Vamos, una apestosidad de tiburón, confeccionado con desdén y usado con aún menos ganas. Volviendo al argumento, el gran blanco, el jaquetón con delirios de asesino en serie, se las ingenia para seguir a la familia, y comienza una serie de ataques que no dudaría en calificar de muy obscenos. Hace su aparición Mario Van Peebles, el colega biólogo de Mike, ambos embargos en un fascinante estudio sobre la migración de las caracolas gigantes… hasta que apunto están de morir entre las fauces del escualo. El amigo Mario se obsesiona con el animal y planea ponerle un sensor de seguimiento al pez. Todo correcto. En tierra firme, Sir Michael Caine le tira los tejos a Ellen y, poco a poco, entre bastantes boludeces –que diría un argentino–, vamos llegando al esperado clímax final.

No era necesario enseñar tanto al bicho. En serio, no lo era. Este tiburón sale del agua pegando unos saltos que ni Serguéi Bubka, y berrea, grita, chilla, amazing! Tras otro ataque a Michael –el tiburón lo persigue por el interior de un barco hundido– y después de zamparse de manera fortuita y aleatoria a una bañista en la playa, a Ellen le da otro aire y decide salir a alta mar a matarlo. Mike, Mario y el señor Caine van tras ella en la avioneta del súbdito británico. Atención, se precipitan los acontecimientos. El barco peta, el tiburón se come el barco. La avioneta ameriza, el tiburón se come la avioneta. El final es una pesadilla surrealista. Mario se las ingenia para meter un transmisor en la boca del jaquetón, y luego también él se mete dentro. Buen viaje, Stitch Jones. Ellen dirige el barco en rumbo de colisión con el gran tiburón, mientras Mike le da descargas eléctricas remotas. El animal impacta con la embarcación, se ensarta en el bauprés, y explota. ¿Explota? Tampoco importa mucho. Mario sale a flote tras estar dentro de una boca repleta de dientes, pero, ¿quién repara en esas menudencias? Otro ejemplo más de cómo sodomizar hasta el extremo una franquicia moribunda.

Manu Castro (3/10)
@ManuCastroLSO
(27-05-2006)

 

• Lo mejor: El tema original de John Williams.
• Lo peor: Que la avioneta no se estrellará antes de llegar a las Bahamas.

 

 

Tiburón: La Venganza (1987)

 

Título Original: Jaws: The Revenge | Género: Terror / Thriller | Nacionalidad: USA | Director: Joseph Sargent | Actores: Lorraine Gary, Mario Van Peebles, Michael Caine | Productor: Joseph Sargent | Guión: Michael De Guzman | Fotografía: John McPherson | Música: Michael Small | Montaje: Michael Brown

 

Sinopsis: Ellen Brody ha perdido a su marido y a un hijo devorados por el tiburón. De vacaciones en las Bahamas, en casa de otro de sus hijos, Ellen tiene el convencimiento de que el tiburón aparecerá por aquellas cálidas aguas dispuesto a acabar con los miembros de su familia.

 

 

Tiburón: La Venganza (1987)