Resident Evil (2002)

Resident Evil (2002)

 

Todos moriréis aquí abajo.

Paul W. S. Anderson evita las complicaciones y planifica su asalto a la saga “Resident Evil” desde la seguridad de un guión sobrio, que simplifica las ramificaciones narrativas de los videojuegos y se centra en un par de pequeños esbozos obtenidos de la criatura de Capcom. Un acercamiento light, quizá demasiado, si atendemos a la ligerísima trama que pone en danza esta adaptación. “La Colmena”, un centro de investigación genética subterráneo propiedad de la corporación Umbrella, se erige como protagonista indiscutible de la función. Las frías y metálicas instalaciones secretas son el marco perfecto para desarrollar una pesadilla que juega bien la baza de la claustrofobia y el sofoco. Una vez establecidos los términos del problema –un virus experimental es liberado intencionadamente, aniquilando a todos los trabajadores del complejo– entra en acción la heroína indiscutible de este berenjenal: una estupenda Milla Jovovich. Inesperada Alicia, obligada a explorar cuan hondo alcanza la madriguera de conejos, en este caso, conejos zombis. Planteamiento facilón, pero eficaz; apenas unos minutos y ya estamos a bordo de un tren, junto a un comando de fuerzas especiales, camino de una misión que apesta a suicidio colectivo (con aroma a la divertida “Fantasmas de Marte” de John Carpenter).

La cosa está jodida en el búnker y, a pesar de todos los indicios y las evidentes señales de que aquello es una trampa mortal, los tipos de los fusiles de asalto profundizan hasta alcanzar la cámara de la Reina Roja, una inteligencia artificial cabrona que maneja la instalación en plan homicida. Tras la brillante escena de los láseres, impecable secuencia que no deja duda de las intenciones del ordenador con apariencia de niña buena, arranca el festival de los muertos. Los podridos se hacen esperar, pero ya se sabe, los zombies de “Resident Evil” son de paso lento. Hasta entonces mandaba la acción, ahora llega el turno del terror y el gore, pero bastante suavizado. No esperéis las salpicaduras de sangre de los juegos; estos zombies ensucian lo justo al comer. La experiencia es poco romeriana, insatisfactoria cuando sus responsables prescinden del maquillaje tradicional en favor de unos efectos digitales pobres, los de los zombis; extremadamente cutres si nos referimos al lamentable licker que “adorna” la parte final de la cinta. Los enfrentamientos con los engendros del Virus-T articulan el último tercio de la aventura. Linealidad absoluta hasta el epílogo.

Anderson se alimenta de infinidad de referencias, actuales y pretéritas, para confeccionar una entretenida casa del terror de producción ajustada y olor a serie B, aunque el planteamiento general de la obra parezca obcecado en atender a una seriedad que rehuye el humor en todo momento; un contrasentido que incide negativamente en el resultado final de esta digna adaptación. Entiendo que este film ha roto una de máximas del mundo del cine: “Resident Evil” ha sabido plasmar parte de las virtudes de la popular saga de juegos en su versión cinematográfica. Trepidante desde el inicio, torrente desbordado repleto de escenas de acción, que fluctúan entre lo meritorio y lo torpe, la película sabe mantener el ritmo a base de tensión y suspense. La cosa mejora cuando nos adentramos en su ambientación de atmósfera opresiva, que juega con nosotros entre pasillos estrechos, laboratorios espeluznante y secretos mortales: “La Colmena” da miedo, y las explicaciones sobre su ubicación y utilidad estremecen más que los quejicosos gemidos de los zombies. Los muertos vivientes actúan de comparsa para un esquema que tiene poco de cine de zombis, pero lo hacen bien y cumplen su papel a la hora de devorar a unos cuantos memos.

De la mansión al agujero y vuelta a la superficie, Anderson nos reserva lo mejor para el final (spoilers); una secuencia espectacular, émulo del inolvidable inicio de “El Día de los Muertos” de George A. Romero, con el espeluznante titular del periódico “Los Muertos Caminan” y el apocalíptico último plano, soberbio. Momento culminante del film que abre el camino para una más que probable secuela. Pura diversión. Si acometemos el acercamiento sin complejos, con talante relajado y ganas, podemos pasar hora y media entretenida, rebozados en adrenalina y sustos. Olvidaos de ver a los S.T.A.R.S del R.C.P.D escudriñando cada recoveco de la mansión Spencer, aquello ya lo vivimos en el juego. Aquí toca entrar en el país de las maravillas y los horrores genéticos, para bucear en las entrañas de Umbrella e intentar salir airoso de una cuenta atrás tan ingenua como divertida.

Manu Castro (6/10)
@ManuCastroLSO
(28-06-2002)

 

• Lo mejor: La banda sonora de Marco Beltrami y Marilyn Manson, el diseño de “La Colmena” y Milla Jovovich.
• Lo peor: Los diálogos, entre torpes y gilipollas. El tema flashback no acaba de convencer.

 

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Resident Evil (2002)

 

Título Original: Resident Evil | Género: Acción / Thriller / Terror / Ciencia Ficción | Nacionalidad: Alemania / USA / Gran Bretaña | Director: Paul W. S. Anderson | Actores: Milla Jovovich, Michelle Rodriguez, Eric Mabius | Productor: Paul W. S. Anderson, Jeremy Bolt, Samuel Hadida | Guión: Paul W. S. Anderson | Fotografía: David Johnson | Música: Marco Beltrami, Marilyn Manson | Montaje: Alexander Berner

 

Sinopsis: Un experimento secreto. Un virus mortal. Un error fatal. Algo siniestro está ocurriendo en la Colmena, un centro de investigación genética subterráneo dirigido por Umbrella Corporation, un consorcio biogenético sin rostro. A causa de un terrible accidente (¿o tal vez un sabotaje?), una muestra vírica recorre los conductos de ventilación y afecta a todos los empleados de este enorme búnquer enterrado. Un comando militar debe entrar en la Colmena con tal de esclarecer lo sucedido. Alice (Milla Jovovich) se encuentra allí, pero ha perdido la memoria. Juntos descubrirán, muy pronto, que los trabajadores de estas instalaciones no están realmente muertos… Y que alguien controla cada movimiento.

 

 

Resident Evil (2002)