Único Superviviente (1985)

Único Superviviente (1985)

 

Tres son multitud, incluso al final de todas las cosas.

Zac Hobson despierta en su cama. Parece otra mañana más, normal y rutinaria, aunque se percibe cierta quietud inusual. Después del aseo vespertino y el pertinente desayuno, sale a la calle camino del trabajo. Pronto descubre que algo terrible ha sucedido, una catástrofe de proporciones globales. Las calles desiertas, las carreteras sin tráfico, ni una sola persona a la vista. Nos asaltan las dudas sobre lo ocurrido, mientras Zac escudriña cada rincón de la ciudad en busca del más mínimo indicio de vida. Esta situación no le es ajena al seguidor de la ciencia ficción catastrófica. En un primer –y superficial– análisis de este interesante film neozelandés, se podría concluir que “Único Superviviente” sigue con decisión los (primeros) pasos de la indispensable obra de Richard Matheson, “Soy Leyenda“, y, por ende, los de sus adaptaciones cinematográficas, “The Last Man on Earth” y “El Último Hombre… Vivo“. Incluso encontramos ciertas similitudes con otra obra de serie B de la época, la impecable “La Noche del Cometa“, estrenada un año antes, en 1984. Por fortuna, el desarrollo posterior de la trama dota de personalidad propia al film dirigido por Geoff Murphy, situándolo como una de las propuestas más cautivadoras –además de abiertamente innovadoras– de los ochenta.

Murphy adapta la novela “The Quiet Earth” –obra del escritor Craig Harrison, que también participó en la redacción del guión para la película–; relato fantástico protagonizado por un científico –ojo, spoilers– que forma parte un proyecto ultra secreto conocido por el nombre en clave “Flashlight”. En unas instalaciones de máxima seguridad, Zac y sus colegas experimentan con una fuente de energía de poder incalculable; una especie de cinturón de fuerza que, en teoría, rodeará todo el planeta. La película no aporta grandes datos acerca de la naturaleza del experimento ni el fin último de la investigación, pero, como ya os podéis imaginar, la prueba es un fracaso y se produce la hecatombe. De algún modo, “Flashlight” ha afectado a las constantes físicas universales; la carga del electrón se ha visto alterada, provocando que el Sol experimente unas extrañas oscilaciones en su luminosidad, algo que desencadena “el efecto” (así llama Zac al suceso) de manera periódica. Comprender lo sucedido no será tarea fácil. ¿Acaso los desaparecidos se han evaporado? ¿Están muertos o han sido enviados a otra dimensión? La única certeza es que Hobson parece ser el único superviviente, y su soledad es absoluta. Las primeras diversiones en solitario –visita de rigor al supermercado, algunas compras, un paseo en coche aprovechando la ausencia de tráfico…– se desvanecen rápidamente entre el silencio de este nuevo mundo inhabitado. La desesperación da paso a la locura del que se sabe epílogo de su especie. Este Neville neozelandés se va desmigajando con el paso del tiempo, entre edificios vacíos y aceras abandonadas.

“El efecto” se repite en el tiempo. Zac decide apartar los fantasmas de la soledad para volcarse en el estudio del intrigante fenómeno. Es entonces, enfrascado en el análisis de muestras y datos, cuando recibe una visita de lo más inesperada. Una mujer confirma que no está sólo en el planeta. Juntos prosiguen con la búsqueda de respuestas. Así llegamos ante una de las hipótesis más interesantes de las planteadas por la cinta de Geoff Murphy; al parecer, tan sólo han sobrevivido los que estaban a punto de morir cuando se produjo el primer “efecto”. La pareja asume su condición de reducto final de la raza humana, aunque este paraíso también es inestable y la llegada de un tercer superviviente transforma la situación en un polvorín de recelos y envidias. La fragilidad emocional del ser humano contamina incluso a esta tierra tranquila, por otro lado, lugar poco necesitado de irrelevantes explicaciones científicas. Nunca se aclara lo sucedido, tampoco importa –fabular es más divertido–; el trayecto nos absorbe de tal manera que no requiere de rebuscadas soluciones. Basta con entregarse a su hipnótico planteamiento, desde el primer amanecer hasta el inolvidable plano final.

Manu Castro (8/10)
@ManuCastroLSO
(05-06-2003)

 

• Lo mejor: Estamos ante un título de culto que merece ser descubierto.
• Lo peor: Es una joyita demasiado desconocida.

 

Único Superviviente (1985)

 

Título Original: The Quiet Earth | Género: Drama / Ciencia Ficción | Nacionalidad: Nueva Zelanda | Director: Geoff Murphy | Actores: Bruno Lawrence, Alison Routledge, Pete Smith | Productor: Sam Pillsbury, Don Reynolds | Guión: Craig Harrison, Bill Baer | Fotografía: James Bartle | Música: John Charles | Montaje: Michael Horton

 

Sinopsis: El científico Zac Hobson experimenta con una fuente de energía de extraordinario poder: un cinturón de fuerza que rodearía todo el planeta. Pero el experimento resulta mal y el cinturón acaba sin dejar ni rastro de los seres vivos del planeta. Aunque al principio se desespera pensando que es el único hombre que queda vivo sobre la faz de la Tierra, pronto localiza más supervivientes en Nueva Zelanda.

 

 

Único Superviviente (1985)