La Tierra de los Muertos Vivientes (2005)

 

El reino de los podridos.

Hacía muchos años que los seguidores del subgénero zombie esperábamos el regreso del maestro Romero al terreno que popularizó allá por 1968. Veinte años después de “El Día de los Muertos” –cierre de su magistral trilogía de los muertos–, el de Nueva York ha vuelto para demostrar que sigue dominando los entresijos del cine de muertos vivientes, justo cuando aparecen por el horizonte algunos alumnos aventajados –véase Zack Snyder y su “Amanecer de los Muertos” o Edgar Wright con “Zombies Party“–. Ya desde los primeros compases de la cinta, nos damos cuenta de que estamos ante una película de terror un tanto diferente, con la inviolable impronta del mejor Romero. De los primeros fotogramas surge una atmósfera de horror, claustrofobia y desesperanza que, pese a la abundante acción que contiene el film, se perpetúa durante todo el metraje. La escena de presentación de los no-muertos -tras unos escalofriantes títulos de crédito- es memorable; impecable el trabajo de maquillaje y ambientación. Después de tan exquisito prólogo –la cinta arranca con la antigua cabecera de la Universal–, Romero nos involucra de lleno en una trama de desarrollo un tanto irregular que, pese a algún altibajo más que evidente, capta nuestra atención por completo. Esta tierra pertenece a los muertos… vivientes.

El argumento no es una continuación demasiado lógica de “El Día de los Muertos“, cuyo contundente y poco esperanzador epílogo daba por concluida la trilogía original de los muertos vivientes. Si en aquel film la población se reducía a unos pocos supervivientes refugiados en instalaciones militares, aquí hay una populosa ciudad fortificada donde residen miles de individuos. Este film confecciona una visión alternativa del futuro de la humanidad en el incierto mundo de los muertos que caminan. El terror, los sustos y el suspense recorren toda la película y, por momentos, logran cotas muy altas de tensión. Porque “La Tierra de los Muertos Vivientes” es cine zombie muy a la Romero, aunque guarda una distancia prudencial con respecto a sus obras anteriores. Lo que continúa presente son esos inconfundibles toques de humor negro que ya son una seña de identidad ineludible. La acción está presente más que nunca en esta ocasión (he ahí ese tremendo vehículo bautizado como “Azote de los Muertos”) y se apuesta por los tiroteos y la pirotecnia en ciertos momentos –siempre con mesura, eso sí–. Es esta una rara avis que ha sabido conservar el aroma añejo del subgénero –para deleite del seguidor más fiel–, mientras trata de sobrevivir a la era de los vídeojuegos: este tinglado transita muy alejado de la adaptación cinematográfica de “Resident Evil“.

Es un nuevo mundo. Resulta interesante la evolución de los muertos reanimados; un progreso que comenzó con el zombie Bub de “El Día de los Muertos“. Ahora los “podridos” empiezan a comunicarse, a organizarse, y son capaces de utilizar objetos y blandir armas. Esta especie de humanización de los muertos no resta un ápice de crudeza a sus acciones, y sus apariciones van siempre acompañadas de grandes dosis de mordiscos, gore y horror. La venganza sobrevuela la trama, como si todas esas almas en pena buscaran el resarcimiento por las afrentas recibidas (la clase trabajadora despierta de su zombificación y toma la calle). Ahondando en el análisis sociopolítico de la película, cabe destacar el planteamiento de la ciudad amurallada, con su sistema de clases sociales –la crítica al capitalismo continúa presente, quizá más caricaturesca esta vez, con Dennis Hopper encarnando toda la vileza de tan ominoso sistema–. El reparto más que correcto y el festín de charcutería abundante, siempre con el “homo homini lupus” de telón de fondo. Romero sabe recompensar a sus seguidores con acidez, vísceras y sangre; incluso nos prepara unos cuantos guiños, al estilo del cameo protagonizado por Tom Savini. Puede que “La Tierra de los Muertos Vivientes” no sea la actualización del mundo zombie que muchos esperaban, pero es otro regalo que el neoyorquino le brinda al subgénero y uno de los mejores títulos zombie de la actualidad –junto con “Amanecer de los Muertos“–. Sólo queda esperar que los rumores sobre una nueva trilogía sean ciertos y el tío George nos deleite con dos títulos más.

Manu Castro (7/10)
@ManuCastroLSO
(08-09-2005)

 

• Lo mejor: Fiddler’s Green: la lucha de clases continúa tras el Apocalipsis.
• Lo peor: Tener demasiado presente la trilogía original durante su visionado.

 

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Título Original: Land of the Dead | Género: Acción / Terror / Thriller | Nacionalidad: Canadá / Francia / USA | Director: George A. Romero | Actores: Simon Baker, John Leguizamo, Dennis Hopper | Productor: Mark Canton, Bernie Goldmann, Peter Grunwald | Guión: George A. Romero | Fotografía: Miroslaw Baszak | Música: Reinhold Heil, Johnny Klimek, Gabriel Isaac Mounsey | Montaje: Michael Doherty

 

Sinopsis: En esta nueva entrega, el mundo tal y como lo conocía la humanidad es sólo un recuerdo. Su lugar lo ocupa la pesadillesca co-existencia de nosotros –los vivos– y de los otros, los podridos (los muertos que andan). Los humanos sobreviven encerrados tras los muros de una ciudad fortificada mientras los muertos vivientes vagan por los extensos páramos extramuros. Los pocos ricos y poderosos que quedan tratan de mantener la ilusión de que viven igual que antes, dentro de las exclusivas torres de Fiddler’s Green, el último bastión de la clase dominante. Por encima de todos ellos, ricos y pobres, manda un puñado de implacables oportunistas dirigidos por Kaufman, que controlan los negocios legítimos y los ilegítimos. La misión de conseguir comida y suministros esenciales, así como los raros objetos de lujo que codician los habitantes de Fiddler’s Green, está en manos de un grupo de endurecidos mercenarios a las órdenes de Riley y su segundo al mando, Cholo. El grupo emprende misiones fuera de los límites de la ciudad con la seguridad que les ofrece su enorme vehículo armado, el Dead Reckoning. Estos mercenarios actúan movidos por la codicia; con el dinero que saquen quieren escapar. Pero la vida está cambiando dentro y fuera de los muros de la ciudadela. Dentro crece el desorden y la anarquía y fuera, el ejército de los muertos ha evolucionado y está aprendiendo a organizarse y comunicarse.