Spider-Man: Homecoming (2017)

 

¡No me jodas, yogurín!

Hay una lectura política y social –incluso ideológica– en este nuevo hombre-araña, sobre la que no deberíamos pasar de puntillas. Se trata del detonante que moldea el conflicto de la trama. Tras el ataque Chitauri a Nueva York (el 11S del UCM), el ayuntamiento contrata a varias empresas para acometer las tareas de desescombro y reconstrucción. Adrian Toomes, pequeño empresario (ignoro si paga las horas extra o tiene al personal trabajando de forma irregular), ve una oportunidad de negocio y se vuelca en el proyecto tras conseguir un contrato con la ciudad. Toomes pretende una parte de esa catástrofe que el capitalismo ha convertido en sabroso pastel para miserables. Claro que, en el juego de los dólares, la cartera más grande manda, y Tony Stark caga billetes. Con la excusa de la seguridad nacional, el multimillonario mangonea las leyes, unta a un par de figuras clave de la administración y se asegura la gestión de los restos alienígenas, la tecnología derivada de ellos y, encima, la promoción inmobiliaria de las zonas en ruinas. Triple combo que escuece sobremanera en el ojete del emprendedor paternalista que es en realidad Toomes (“tengo familia y hombres, también con familia, bajo mi responsabilidad…”). El liberalismo tiene muchas caras y todas huelen a culo. Este revés constituye el germen que da vida a El Buitre, antagonista de la función y líder de una banda de malhechores que trafica con armamento confeccionado con la chatarra Chitauri (coño, así empezó el emporio Stark, aunque sin movidas extraterrestres).

Tony rompe, limpia y sustituye, todo por un módico precio. Además, en su absoluto afán de manipulación, toma como pupilo a un maleable adolescente mutante que ha sufrido la picadura de una araña radioactiva. Al muchacho le regala un traje biónico de tecnología punta, lo monta en un jet privado y le invita a darse de hostias con “Los Vengadores” en un aeropuerto de Berlín. Como es normal, el guaje se empalma con tanta emoción pero, justo al llegar a la cima de la montaña rusa, Iron Man le da una palmada en la espalda (un parapolla al más puro estilo McLovin), antes de mandarlo de vuelta al instituto y al barrio. “Sé responsable Peter, no toques el botón rojo del traje…” Las lecciones de tito Tony apestan. En cuanto a su vida cotidiana, este nuevo chaval-araña lleva bien el tema de la alienación juvenil, el acoso escolar, la desidia adolescente y todas esas mierdas inherentes a los pimpollos que han tenido la mala suerte de criarse en este sistema cochambroso. Tom Holland, alelado sin llegar a imbécil –hay que reconocer cierto mérito en este aspecto de su actuación–, sitúa la nueva encarnación arácnida entre las tribulaciones del “Spider-Man” intensito de Raimi y el mongo-retardismo del Peter Parker de Marc Webb y Andrew Garfield. Sus motivaciones no van más allá de su canal de YouTube, la chica guapa de clase y montar Legos –hoy día los product placement son pura pornografía– con su colega graciosete. Sólo cuando se pone el traje le asaltan conflictos más peliagudos, sin llegar en ningún caso a aquello de “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” (de seguir vivo, el tío Ben le habría partido la cara al señor Stark varias veces, no me cabe la menor duda).

La vida es fiesta, con algo de compromiso entre medias. El becario gestiona su tiempo libre como el entrometido y torpe “amigo y vecino” que siempre ha sido, poniendo a prueba sus habilidades, frustrando pequeños hurtos y realizando tareas de atención ciudadana. Tampoco esperen ustedes verle luchando contra los desahucios, la especulación urbanística o la gentrificación en el barrio (sabe Dios que eso no ayuda en nada a la peña). De hecho, en su primera gran intervención se marca un dos por uno en el sentido contrario: aborta el robo en una sucursal bancaria y destruye la tienda de ultramarinos local. El planteamiento inicial invitaba a la contundencia de un argumento más sabroso y un conflicto mejor desarrollado, pero “Spider-Man: Homecoming” se decanta por la ligereza y la algarabía propias de un arácnido en la edad del pavo. Esta vuelta a casa retoma la esencia más naíf del pimpollo. Su regreso se sitúa justo en la frontera de esa tierra de nadie que transitan todos los personajes que aspiran a afianzarse (o hacerse un hueco al menos) dentro del universo cinematográfico Marvel. Jon Watts –siempre bien aferrado a “Ultimate Spider-Man“– supera el síndrome de la película de presentación, pasa de explicar (otra vez) la génesis del trepamuros y se centra en evitar caer fagocitado por las industrias Stark y la iniciativa “Vengadores”. Son tan evidentes los martillazos para encajar este tinglado en el estamento superior de la Fase Tres, como el intento de apelar al espíritu de John Hughes (al ritmo de Los Ramones) para tratar de reducir la brecha generacional entre niños-rata y treintañeros retard (estos últimos manejan más guita). Adolescentes hormonados, chascarrillos de todos los calibres y tres set pieces de buena acción (y sensación de déjà vu), consolidan este digno espectáculo donde la presencia de un cabronazo Michael Keaton sólo encuentra rival en las fugaces intervenciones de Zendaya y la tía May.

Manu Castro (6/10)
@ManuCastroLSO
(01-08-2017)

 

• Lo mejor: Michael Keaton acojonando a Peter en el coche.
• Lo peor: No admitir su tono chorra.

 

 

 

Título Original: Spider-Man: Homecoming | Género: Acción / Aventuras / Ciencia Ficción | Nacionalidad: USA | Director: Jon Watts | Actores: Tom Holland, Michael Keaton, Robert Downey Jr. | Productor: Kevin Feige, Stan Lee, Amy Pascal | Guión: Jonathan Goldstein, John Francis Daley, Jon Watts, Christopher Ford, Chris McKenna, Erik Sommers | Fotografía: Salvatore Totino | Música: Michael Giacchino | Montaje: Debbie Berman, Dan Lebental

 

Sinopsis: Peter Parker (Tom Holland) es un adolescente que estudia en la escuela secundaria mientras lidia con los problemas típicos de un chico de su edad. Aunque en realidad su día a día no es del todo normal. Y es que Peter esconde una identidad secreta, la de Spider-Man. Así que tiene que compaginar su vida en el instituto con su labor de superhéroe que se enfrenta a todos aquellos villanos que ponen en peligro la ciudad, sin ser descubierto.

Emocionado tras haber luchado con Los Vengadores, Peter regresará a su rutina junto a su tía May (Marisa Tomei), pero la adaptación no será tan fácil como parecía. Por suerte, contará con la ayuda de Tony Stark (Robert Downey Jr.), su ahora amigo y mentor, que le recomendará mantenerse alejado de los problemas. No obstante, esto se volverá una tarea imposible cuando un nuevo enemigo, conocido como El Buitre (Michael Keaton), amenace a Peter y a sus seres queridos.