El Corredor del Laberinto: Las Pruebas (2015)

 

Interludio vacío y arenoso.

Hollywood nos ha acostumbrado a trilogías y sagas compuestas por episodios intermedios irrelevantes, carentes de contenido y utilidad dramática. Estos anodinos productos se manufacturan atendiendo únicamente a las necesidades recaudatorias de los grandes estudios. Es esta una realidad que se acentúa cuando hablamos de las franquicias de fantasía young adult que actualmente invaden los cines de multisala. Y no sólo se trata de dilatar de manera torpe, y a lo largo de varios films, un argumento pírrico, incapaz de sustentar hora y media de metraje; ahora incluso se atreven a fragmentar en dos partes ciertas películas (aquellas que actúan de epílogo), ejecutando el ejercicio definitivo de sinvergonzonería. La serie cinematográfica de “El Corredor del Laberinto” encaja al milímetro dentro de este ominoso arquetipo. Como cabría esperar, la primera entrega esbozó las líneas básicas de la aventura, formulando una serie de sabrosas incógnitas, para dejarnos con ganas de más a lo largo de una recta final que nos ponía sobre la (falsa) pista de las intenciones de este segundo capítulo: “Las Pruebas“. Y digo falsa pista, porque esta secuela adquiere la forma de nexo infecundo, carente de planteamientos atractivos o respuestas nutritivas. Es este un periplo vano que nos conduce a la esencia misma de una operación comercial en la que no ocurre nada destacado –salvo la venta de una entrada–.

La muchachada sale del laberinto para enfrentarse al mundo real, a las reglas de los adultos y al Apocalipsis de sol y arena que ha consumido el planeta. Odisea guapa la que nos espera. Pues no. Wes Ball, que además de director es especialista en efectos especiales y artista gráfico, se dedica a lo segundo, es decir, a un despliegue digital donde sólo importa la reconstrucción de un mundo desolado, convertido en maravilla visual; con las ruinas de imponentes ciudades abandonadas actuando de llamativa coartada para una nada argumental que llega a resultar ofensiva. La película picotea entre las migajas de varios géneros, incapaz de encontrar su objetivo dentro de la saga -más allá de postergar, de manera más que necia, el desenlace pergeñado por James Dashner. En consonancia, la trama se desplaza, con evidente desdén, entre el thriller de experimentos sombríos y el terror zombi de alocadas persecuciones (al menos durante este escalofriante lapso la cinta demuestra tener algo de nervio), ejecutando después una pequeña incursión en la acción posapocalíptica de belicismo exacerbado. Mezcolanza sumamente insatisfactoria que recurre al cliché del triángulo amoroso y a la manida construcción del héroe redentor –en esta ocasión un paladín digno de las instrucciones de montaje del Ikea–, para sazonar toda la torpeza de un intervalo hueco que evita cualquier tipo de complicación.

Manu Castro (5/10)
@ManuCastroLSO
(21-02-2017)

 

• Lo mejor: El nivel visual de la propuesta.
• Lo peor: Observar la descomposición de la trama y sus personajes.

 

 

Título Original: Maze Runner: The Scorch Trials | Género: Acción / Ciencia Ficción / Thriller | Nacionalidad: USA | Director: Wes Ball | Actores: Dylan O’Brien, Kaya Scodelario, Thomas Brodie-Sangster | Productor: Marty Bowen, Wyck Godfrey, Ellen Goldsmith-Vein | Guión: T.S. Nowlin, James Dashner | Fotografía: Gyula Pados | Música: John Paesano | Montaje: Dan Zimmerman

 

Sinopsis: En este nuevo capítulo de la saga “El Corredor del Laberinto”, Thomas y el resto de clarianos tendrán que enfrentarse a su mayor desafío hasta el momento: buscar pistas sobre la misteriosa y poderosa organización conocida como CRUEL. Este viaje les llevará a “La Quemadura”, un apocalíptico lugar repleto de inimaginables obstáculos. Formando equipo con miembros de la resistencia, los clarianos deberán desenmascarar a las fuerzas superiores de CRUEL y averiguar qué planes tienen para todos ellos.