Escuadrón Suicida (2016)

Escuadrón Suicida (2016)

 

Suicidio por sobredosis chorra.

Hace unos días, escribiendo la reseña de “Independence Day: Contraataque“, indiqué lo acertada que me había parecido la decisión de Will Smith de no tomar parte en la secuela de la invasión marciana. No voy a negar que prefería verlo en este proyecto, junto a un puñado de nombres que invitaban al optimismo. David Ayer –cineasta con una filmografía de veras interesante, exceptuando la penosa “Sabotaje“– era otro referente que me hacía albergar la esperanza de contemplar una buena adaptación. Digo más, pues me declaro seguidor entusiasmado por el tono, la estética y el talante del universo cinematográfico de DC, encabezado por Nolan y Snyder, con “El Hombre de Acero” y “Batman v Superman” como prólogo notable de la amalgama que está por llegar. Ambos films habían establecido un estilo distinto al que propugna la gran bestia parda del cine de superhéroes: Marvel Studios. Pasó el tiempo desde el anuncio de este film, se sucedieron los estrenos y, por circunstancias de la taquilla, el conflicto entre el hombre murciélago y el extraterrestre de la capa roja no alcanzó las cifras que esperaban ciertos sujetos de la Warner. Para más inri, la guerra civil de Marvel barrió en los cines de todo el mundo. Los contables de Warner Bros. se pusieron nerviosos y Kevin Tsujihara –sujeto que se podía haber quedado administrando parques temáticos– tomó una fatídica decisión (de la que nos acordaremos en un futuro próximo).

Mientras tanto, la producción que nos ocupa avanzaba observando con recelo como cada nuevo estreno de Disney era un nuevo éxito de recaudación. Un día de tormenta -modo dramático on-, David Ayer recibió una llamada que le apremiaba a finalizar el libreto de “Escuadrón Suicida“. El de Illinois, en vez de abandonar el proyecto –mandando a la mierda a un par de gilipollas por el camino–, escribió un pastiche en seis semanas; un guión impersonal y chapucero, esbozo garabateado con desgana, repleto de personajes desdibujados, todos ellos ahogados en una trama ramplona. Una llamada posterior le instó a rodar nuevas escenas, para añadir más humor al producto, exhortándole a incorporar vete-a-saber que ocurrencias estrafalarias, perpetradas por una junta de ejecutivos soplapollas. Sí, bwana. El resultado son seis versiones diferentes de la película. La que nos ocupa, la estrenada en cines, es el aberrante resultado de una concepción repleta de trabas, obstaculizada por los estudios de mercado y las estimaciones de taquilla.

Como consecuencia inevitable de lo expuesto con anterioridad, he salido del cine con la (demoledora) sensación de haber contemplado un carrusel de colorines estéril y aburrido, compuesto por veinte videoclips musicales unidos de forma aleatoria, sin sentido alguno. Una selección musical tan obvia como mecánica, donde los temas –escogidos con evidente desdén– suenan a solución efectista, carente del menor ingenio melómano. Dos horas de MTV (aka presentación de personajes mutada en plomazo grande) que nos niegan la posibilidad de seguir –con el mínimo interés– una narración inconexa, plagada de cortes brutales y saltos mortales entre escenas. Movida de montaje atroz, saturada de detalles, frases y chistes incorporados de manera forzada, incluido el Joker, que aquí tiene la utilidad del dibujo que trae el papel higiénico caro –rol reducido a burdo reclamo comercial, relevante únicamente en los tráilers–. Si elimináramos todas sus escenas, la cinta no se resentiría lo más mínimo. Marketing guasón. También podría mencionar a los villanos-brothers, capaces de una estulticia conmovedora (apetece darles un abrazo por concebir un plan tan desastroso y carente de atractivo), otro pilar endeble de una estructura que se resquebraja desde el primer minuto.

Me puede la desdicha, si os soy sincero. Ha sido enorme la decepción. Entré a la sala con una bolsa grande de esperanza y un refresco lleno de ganas de pasármelo pipa. Mi pasión se dio de bruces con la abulia de una película distante, vacía de carisma, donde la frialdad abraza sin reparos a todo el elenco. Desde la simpleza de Diablo al inoperante Cocodrilo Asesino; la presencia testimonial de Capitán Boomerang o Katana; la pintoresca, aunque descafeinada, Margot Robbie (Harley Quinn) y los torpes apuntes sobre su malsana relación con el Joker; hasta Deadshot, encarnado por un Will Smith (el mismo que no quiso salir en “Contraataque“) empeñado en humanizar a un asesino a sueldo, haciendo uso de una desmedida carga dramática. Aquí no fluye nada, ni la acción, ni el feeling de grupo, ni el humor. Todo está helado. Las malditas prisas, los plazos, el mirar de reojo a Marvel… acaban por fulminar una propuesta que anticipa, vía Bruce Wayne, lo que se supone será la actitud futura del UDC. Cagarruta considerable, y si atendemos al “gracejo” del avance de “La Liga de la Justicia“, la cosa pinta chunga.

Manu Castro (5/10)
@ManuCastroLSO
(11-08-2016)

 

• Lo mejor: Las cejas de Cara Delevingne.
• Lo peor: Todo el material que se ha quedado en la sala de montaje.

 

 

Escuadrón Suicida (2016)

 

Título Original: Suicide Squad | Género: Acción / Aventuras / Comedia | Nacionalidad: USA | Director: David Ayer | Actores: Will Smith, Jared Leto, Margot Robbie | Productor: Andy Horwitz, Charles Roven, Richard Suckle | Guión: David Ayer | Fotografía: Roman Vasyanov | Música: Steven Price | Montaje: John Gilroy

 

Sinopsis: Qué bien sienta ser malo… Reúne a un equipo con los más peligrosos y encarcelados Súper Villanos, pon a su disposición el arsenal más poderoso del gobierno, y envíalos a una misión para derrotar a un ente enigmático e invencible. La oficial de inteligencia de EE.UU. Amanda Waller ha creado un grupo secreto que reúne a individuos diversos y despreciables que no tienen nada que perder, y que servirán perfectamente para la misión. Sin embargo, una vez se dan cuenta de que no habían sido escogidos para triunfar, sino por su evidente culpabilidad cuando fracasen de forma inevitable, ¿decidirá el Escuadrón Suicida morir en el intento o será un “sálvense quien pueda”?

 

 

Escuadrón Suicida (2016)