Liga de la Justicia (2017)

 

Unión precipitada.

La que podría haber sido una sana dicotomía entre dos maneras de concebir la adaptación cinematográfica masiva de un par de legados comiqueros –la lúdica y cada vez más gamberra de Marvel y la oscura, grave y rotunda (hasta ahora) de DC–, se ha convertido en una cruenta guerra entre dos bandos de energúmenos, algunos de ellos parapetados tras el más absurdo de los fanatismos. No entraré a analizar que facción me parece más mema, pero entre gilipollas que cuentan cada dólar recaudado y zoquetes que se congratulan por las malas notas que reciben los títulos de la “competencia”, la escalada de ataques furibundos y menosprecios gratuitos continúa sin descanso. La prensa especializada y la crítica profesional participan de este escarnio, alimentando una corriente de opinión que trata de sumar adeptos a una de las dos causas (se inclina la balanza hacia la Marvel de manera más que evidente). Hay que posicionarse (yo mismo he participado en alguna discusión huérfana de sentido común), y es entonces cuando el espectador se convierte en fanático, cuando salta por los aires el espíritu crítico y se acude a la sala lleno de prejuicios o valoraciones anticipadas. También desaparece el talante festivo que supone el visionado de una proyección cinematográfica de este tipo. Unos van dispuestos a sufrir un bodrio que asocian de antemano a un par de siglas y otros consumen agradecidos productos de dudosa calidad, adornados por una potente marca comercial. En ciertos sujetos llegan a cohabitar estas dos tendencias: el disparate entonces es total.

Y todo este rollo, ¿a qué carajo viene? Semejante dispendio de adjetivos calificativos atiende al razonamiento que paso a detallar a continuación. De este absurdo, estéril y aburrido embrollo, han surgido un puñado de inevitables y tristes efectos secundarios. El más palmario de todos lo paladeé hace unos días, casi dos semanas después de su estreno. “Liga de la Justicia” es víctima de un torbellino de mierda que se inició con “El Hombre de Acero” y alcanzó categoría de tornado EF5 tras el estreno de “Batman v Superman“. Al margen de gustos, opiniones y criterios más o menos razonados, existió (y existe) una campaña de descrédito dirigida contra estos dos títulos (de una contundencia alucinante en el caso de “BvS“); sólo un necio lo negaría. Semejante poder destructivo se ha visto energizado por la dubitativa y chapucera planificación de Warner, las continuas injerencias en el trabajo de Zack Snyder y un modelo de negocio que ha demostrado ser un remedo flatulento del UCM. No pretendo componer aquí un descargo para esta prematura “Liga de la Justicia” (film con fisuras colosales e inobjetables defectos y, aun así, de una factura encomiable) pero, atendiendo a su contundencia en determinados momentos, a esas chispas de genialidad que aparecen de vez en cuando a lo largo de su metraje, no puedo más que entonar un “pudo ser” que ha muerto (quizá sólo esté herido de gravedad) a manos de estudios de mercado y conductismo chorra. Si una parte de esta industria trata de amoldar los gustos del espectador, la otra intenta encajar sus productos dentro de un paladar gravemente modificado. De esta desaforada sucesión de experimentos surgen monstruos, aberraciones que ansían contentar a la gran masa consumidora que pretenden hacer de nosotros…

De vuelta a la génesis de este cada vez más atropellado Universo Extendido de DC, allá por 2012 –año en el que se fusionaron con acierto la oscuridad tonal y la gravedad narrativa de Christopher Nolan con la enérgica fruición plástica desplegada por Zack Snyder–, nos encontramos con el film fundacional de todo el entramado; aquel que mejor funciona como (perfecto) paradigma de la citada colaboración: “El Hombre de Acero“. Después llegaron las prisas y, apenas tres años más tarde, Warner decidió unir a sus dos mega estandartes en un film –atenazada, más bien acojonada, por el rotundo éxito de cada nuevo estreno marvelita–. Por aquel entonces comenzaron a tener un peso más que decisivo las múltiples ocurrencias perpetradas en los despachos (no artísticos) de la major, algo que afectó al montaje cinematográfico de “Batman v Superman” (de ahí que el extended cut sea muy superior) y, sobre todo, a la caótica versión de “Escuadrón Suicida” que pudimos ver en el verano de 2016. De aquellos polvos… La obsesión por alcanzar los 1.000 millones de dólares de recaudación siempre sobre la mesa. Se reconfigura nuevamente la estrategia comercial. Patty Jenkins se decanta por un acercamiento de tonos naíf a la primera aventura en solitario de “Wonder Woman“, atendiendo sobre todo a la ingenuidad inicial del personaje. Le va bien. Los ejecutivos de Warner se vuelven locos. Los golpes de timón son cada vez más evidentes. “Liga de la Justicia” continúa en producción; la presión sobre Snyder va en aumento. El primer montaje, entregado a principios de 2017, horroriza a los mandamases del estudio. Es el inicio del fin para un proyecto repleto de zancadillas, trampas y emboscadas al más puro estilo Viet Cong.

Acontece entonces la tragedia familiar del cineasta de Wisconsin; Zack Snyder está fuera de la posproducción. La contratación de Joss Whedon (casi la antítesis de Snyder) tiene un objetivo muy concreto: aligerar la trama, introducir más elementos cómicos y condensar todo en 120 minutos de duración máxima. Resulta evidente que la elección de Whedon está a mil millas de ser la más acertada y atiende sobre todo a su bagaje dentro de la Casa de las Ideas. Ni su concepción del mundo superheroico, ni su tono a la hora de abordar la trama y las escenas de acción, casan en manera alguna con las aptitudes de Snyder. Todo lo contrario; la colisión es brutal. Los reshoots son un despropósito, los chistes no cuajan (el humor está metido con calzador, con Flash ejerciendo de bufón en demasiados momentos) y la elección de Danny Elfman, un tipo con un talento evidente para estos menesteres, tampoco alcanza el nivel esperado (su banda sonora, repleta de insertos procedentes de filmes anteriores –incluso trae de vuelta los temas clásicos de “Superman” (1978) y “Batman” (1989)– se revela como la menos contundente de todo el UEDC; exceptuando la no OST de “Escuadrón Suicida“). El tono bicéfalo de la propuesta se prevé ya en el prólogo de la cinta –con la absurda entrevista de los niños a Superman–, una escena premonitoria del desastre posterior. Confluyen en una misma película las piezas mezcladas de dos puzles deferentes. Completar un diseño final coherente resulta imposible, más aún si atendemos a la forma de determinadas porciones (las escenas de la familia de Europa del este, por ejemplo); ocurrencias de Whedon con un encaje más allá de lo inviable.

Pero no toda la culpa es de Joss Whedon (responsable creativo del montaje final), que ha moldeado “Liga de la Justicia” atendiendo a un encargo realizado por unos zoquetes que querían su propia movida en plan “Los Vengadores” (una caterva de engendros alados ataca la Tierra, liderada por un supervillano con cuernos, ejem…), con una recta final que parece la versión rural (y radiactiva) del ataque Chitauri a Nueva York. El afán por estandarizar el cine de superhéroes bajo el modelo Marvel tiene consecuencias. El responsable máximo de tamaño exabrupto es el directivo jefe de Warner, Kevin Tsujihara, un tipo que está al frente de un grupo de mamarrachos trajeados, todos ellos escondidos como alimañas en un puto despacho. Entre esta recua de iluminados, que no tienen idea alguna de cine, han jodido la película más importante de todo este entramado, fumándose por el camino nada menos que 300 millones de dólares (que han servido, entre otras cosas, para realizar el infame y muy sonrojante afeitado digital de Superman). Corta, corta y corta. Atendiendo al material que pudimos ver en los avances, la tijera se ha cebado sobre todo con Cyborg (Victor Stone), cuyo background vinculado al deporte desaparece por completo, así como su escena con el tanque, las posibilidades tácticas de su armadura o aquel precioso vuelo nocturno. Las prisas por definir a los personajes también se ensañan con Arthur Curry (Aquaman), con Atlantis, con el pelo y la barba de Bruce Wayne… incluso con el bueno de Alfred. ¿Qué ha sido del hype que nos produjo aquella enigmática interpelación del trailer?: “Dijo que vendrías. Espero que no sea demasiado tarde”.

Esta “Liga de la Justicia” alberga los retazos, en forma de llamativos escombros, de una película superior. Se traza la silueta de un Gotham oscuro. Llega a entreverse parte de la constelación superheroica que pudo haber sido… Ahí está el paso adelante de Wonder Woman (arrollador el carisma de Gal Gadot); la desesperanza de un relato que asume la fragilidad y las miserias de la humanidad, reflejadas en el ataque racista a la tienda de comestibles, en las dudas sobre las limitaciones físicas de Batman (indispensable la presencia de Ben Affleck) o la lucha de Cyborg por no sucumbir ante la máquina. Son destellos, aromas fugaces que adquiere la forma de vibrante ensoñación cuando la narración revela su alma de epopeya abrumadora; sucede así en la épica batalla de atalantes, amazonas y humanos contra el conquistador intergaláctico de planetas Steppenwolf (siervo de Darkseid). Momentos donde se revela su condición dionisiaca y la sincera reverencia a la mitología contemporánea surgida de las viñetas y las grapas; un síntoma del respeto que Snyder profesa por la solemnidad que emana de la figura de héroes y heroínas. Por desgracia, el barullo del conjunto se encarga de sepultar los apuntes existencialistas heredados de “El Hombre de Acero” y la violencia descarnada proveniente de “Batman v Superman” (cinta convertida ya en rara avis). Este primer encuentro, a todas luces prematuro –no habrían venido mal dos películas más entre medias–, ha sido fruto de la precipitación de un puñado de contables y la mercadotecnia absurda de Warner. Sobrevuela (y ataca) la impresión de estar ante un experimento enervante y acelerado que ha gestado un mutante algo chungo. Un monstruo de Frankenstein al que se le saltan las costuras, revivido contra su voluntad; al igual que Superman, protagonista de un regreso por momentos anticlimático, atropellado, torpe… y en otros hipnótico, bello, cautivador…

Manu Castro (6/10)
@ManuCastroLSO
(29-11-2017)

 

• Lo mejor: La química de grupo. Que algún día vea la luz el montaje de Snyder (con la música de Junkie XL).
• Lo peor: Es la peor cara del cine de despachos.

 

 

 

Título Original: Justice League | Género: Acción / Aventuras / Fantástico | Nacionalidad: USA / Reino Unido / Canadá | Director: Zack Snyder | Actores: Ben Affleck, Gal Gadot, Jason Momoa | Productor: Jon Berg, Geoff Johns, Charles Roven | Guión: Chris Terrio, Joss Whedon, Zack Snyder | Fotografía: Fabian Wagner | Música: Danny Elfman | Montaje: David Brenner, Richard Pearson, Martin Walsh

 

Sinopsis: Después del sacrificio realizado por Superman (Henry Cavill), la perspectiva de Bruce Wayne (Ben Affleck), nombre tras el que se oculta la identidad secreta de Batman, cambia radicalmente. Impulsado por una restaurada fe en la humanidad, e inspirado por el acto desinteresado del Hombre de Acero, Wayne reevalúa sus métodos extremos y decide reclutar a nuevos aliados con habilidades extraordinarias. Su objetivo es crear La Liga de la Justicia: un equipo de superhéroes que luchen contra el crimen y que defiendan la Tierra de todos los tipos de amenaza.

Con la ayuda de Diana Prince (Gal Gadot), más conocida como Wonder Woman, Wayne sigue cibernéticamente a una antigua estrella del fútbol llamada Vic Stone (Ray Fisher), cuya identidad secreta es Cyborg. También sumará a la causa al guerrero rey atlante Aquaman (Jason Momoa) y a un joven y veloz corredor, The Flash (Ezra Miller). Juntos deberán hacer frente a un poderoso adversario, Steppenwolf (Ciarán Hinds), un general del planeta Apokolips (un mundo gobernado por Darkseid). Pero, ¿será este el único villano contra el que combatirán?