Starship Troopers (1997)

 

El servicio otorga la ciudadanía.

En la Tierra del siglo XXIII se ha impuesto un sistema fascista global de marcados tintes belicistas. La única forma de prosperar en esta sociedad marcial es a través del ejército. “El servicio otorga la ciudadanía”, reza uno de los lemas recurrentes de la Federación Ciudadana Unida. La consigna es sencilla: todo pasa por las fuerzas armadas. Conseguir un buen trabajo, una beca para la universidad, un permiso de maternidad, un cargo político o el derecho al voto, significa alistarse para realizar antes el servicio federal de dos años de duración. Por supuesto, no todos acaban en el mismo lugar. Mientras los hijos de las clases pudientes juegan a la guerra en la sofisticada flota (las Fuerzas Aéreas son el destino de la élite), a cientos de kilómetros del peligro, los pobres han de servir en la infantería móvil, un cuerpo de choque en primera línea de combate. Verhoeven se vuelve a servir de la ciencia-ficción para construir una maravillosa hipérbole sobre el totalitarismo (como ya hiciera en las imprescindibles “RoboCop” y “Desafío Total“). En su visión de este futuro distante, basada (muy libremente) en la novela homónima escrita por Robert A. Heinlein en 1959, la represión se financia con una economía basada en la guerra que ha superado las fronteras del planeta. Ahora la amenaza proviene de una raza de insectos alienígenas gigantes que pueblan un sistema solar al otro lado de la galaxia. Para sustentar el régimen y mantener el orden y el control, las autoridades vomitan propaganda militarista las 24 horas del día en la cadena federal. La población asume sin reticencias el peligro que suponen esas monstruosas criaturas y se lanza a un frenesí de violencia contra la otra especie: la deshumanización y el exterminio del contrincante a toda costa.

Subvertir todo y a todos. Paul Verhoeven, cineasta adicto a la polémica, ejecuta aquí un ejercicio de sátira que, por alguna razón inexplicable, fue incomprendido en su día. Por curioso que parezca, uno de los que no entendió la broma fue Casper Van Dien, que interpreta, sin atisbo alguno de autoparodia, a un marine espacial más tieso que el palo de una escoba (un rumor sugiere que el holandés no le explicó la jugada al pipiolo: “Yo soy de Buenos Aires y digo que a por ellos”). Sea como fuere, el mensaje de la cinta, que parece más obvio que una patada en la boca, fue malinterpretado por muchos, algunos de los cuales no dudaron en calificar a su director de fascista, imperialista y militarista, incluso de genocida… Hay que ser generosamente obtuso para realizar semejante lectura del film, sobre todo porque la película carga –con descaro y puntería– precisamente contra esos mismos elementos. “La película habla de los Estados Unidos”, declaró Verhoeven durante la campaña de promoción. Cristalino. Fue en 1993, en un periodo en el que el cineasta trataba de sacar adelante dos proyectos a la postre olvidados –”Crusade” con Schwarzenegger y la aventura de mujeres piratas “Mistress of the Sea“–, cuando llega a sus manos el guión escrito por Edward Neumeier, con el que ya había colaborado en “RoboCop“. El productor Jon Davidson, que se había hecho con los derechos de la citada novela de Robert E. Heinlein, pretendía hacer una película de insectos gigantes al más puro estilo de “La Humanidad en Peligro“. Verhoeven y Neumeier tenían otros planes. Tras contactar con Phil Tippett, que acababa de ganar el Oscar por los efectos especiales de “Parque Jurásico“, se pone en marcha la producción. La única condición que puso Verhoeven fue la de reescribir el guión junto a Neumeier para modificar la visión de la novela original.

“Algún día, alguien como yo acabará contigo, y con toda tu puta raza”. Después de ocupar su hábitat, hostigar y arrinconar a los insectos, en un ejercicio de imperialismo desatado, estos contraatacan lanzando un meteorito contra la ciudad de Buenos Aires. Las bajas humanas se cuentan por millones. Es este el Pearl Harbor que la Federación necesita para declarar la guerra total a los bichos. “El único insecto bueno es el que está muerto”. Todo el poder bélico del planeta se dirige entonces a Klendathu, el planeta de origen de los insectos. Allí órbita una poderosa estación de combate llamada Ticonderoga, desde donde se inicia la invasión del planeta K. La operación es un rotundo fracaso y se produce una masacre de cagarse bien en los calzoncillos. Las tropas terrestres son aniquiladas, con la pérdida de 100.000 soldados en apenas una hora. El mando militar asume entonces una táctica similar a la empleada por los Estados Unidos en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial: evitar la confrontación directa en el planeta del enemigo (Japón), para debilitarlo primero atacando los mundos periféricos que ha ido ocupando (las islas del Océano Pacífico). Hasta aquí las similitudes con la obra original, porque Verhoeven y Neumeier se las ingenian para voltear todas y cada una de las arengas de Heinlein, trasformando la película en una sabrosa parodia. La violencia como herramienta de construcción social, la ley del más fuerte como pilar fundamental de la sociedad, la inmunda tesis que sostiene que la gente debería nacer sin derechos para ir ganándolos con sus aportaciones al sistema o la guerra como elemento imprescindible para la evolución del ser humano… Guionista y cineasta dan buena cuenta de todo este material enfermizo, ingredientes ridiculizados hasta el extremo con la acidez y el sarcasmo propio de ambos. “La infantería móvil hizo de mí el hombre que soy ahora”, dice un mutilado de guerra que trabaja en la oficina de reclutamiento.

En esta guerra la victoria significa supervivencia; la derrota, extinción. Y Verhoeven es un superviviente nato, que se mueve con soltura en la jungla del cine comercial norteamericano. Aún me maravilla que esta joya, tan escorada a la izquierda, fuera financiada por un gran estudio de Hollywood. Tras la presentación de los protagonistas, un grupo de chavales que parece sacado de una serie de televisión ambientada en un instituto del Tercer Reich (con unas motivaciones entre perturbadoras y enfermizas: todos ellos se alistan por motivos más que penosos), llegamos a la parte de la instrucción militar. De “Sensación de Vivir” pasamos a “La Chaqueta Metálica“, antes de alcanzar un tercer acto donde la acción y el espectáculo asumen su papel fundamental dentro de una película que no olvida su vocación de blockbuster mastodóntico. Los 105 millones de dólares que se gastó la TriStar garantizan un festival audiovisual sobresaliente, que combina maquetas y CGI para completar un repertorio de efectos especiales –obra del mencionado Phil Tippett– capaz de dejarnos con la boca abierta en multitud de ocasiones. La apoteósica banda sonora, compuesta por Basil Poledouris, es la guinda del pastel. Durante este periplo excesivo y violento, que en ningún momento escatima planos de mutilaciones y muertes gráficas (el tratamiento de la violencia también es marca de la casa), asistimos a la (no) progresión de unos personajes de intencionada y evidente construcción unidimensional. Peones de una guerra contra un enemigo inventado, estos jarheads espaciales viajan cientos de años luz para enfrentarse a unos bichos que succionan cerebros; una alegoría tan viscosa como sugerente, sobre todo viniendo de los hijos de la doctrina más totalitaria y alienante. Me pregunto qué opinarían los habitantes de Hiroshima sobre todo esto…

Manu Castro (9/10)
@ManuCastroLSO
(21-02-2002)

 

• Lo mejor: Su desmesura ideológica y audiovisual. También se puede disfrutar a un nivel (muy) primario.
• Lo peor: Que se malinterpretara de manera tan increíble en su día.

 

 

Título Original: Starship Troopers | Género: Ciencia Ficción / Acción / Aventuras | Nacionalidad: USA | Director: Paul Verhoeven | Actores: Casper Van Dien, Dina Meyer, Denise Richards | Productor: Jon Davison, Alan Marshall | Guión: Robert A. Heinlein, Edward Neumeier | Fotografía: Jost Vacano | Música: Basil Poledouris, Zoë Poledouris | Montaje: Mark Goldblatt, Caroline Ross

 

Sinopsis: La Federación te necesita para una arriesgada misión en “Starship Troopers” (Las Brigadas del Espacio), la última película de acción y ciencia-ficción del director de “Desafío Total“. Desde el comienzo de los tiempos el hombre ha gobernado el mundo. En un futuro no muy lejano, los humanos serán amenazados por el ataque de una raza de insectos alienígenas gigantes. Poco se sabe de estos bichos, salvo que intentan erradicar cualquier rastro de vida humana. En esta guerra la victoria significa supervivencia; la derrota, extinción.