Están Vivos (1988)

Están Vivos (1988)

 

Ponte las putas gafas.

Durante una entrevista, realizada a principios de los noventa, alguien le preguntó al bueno de Johnny sobre la fuente de inspiración para sus terrores cinematográficos de la década anterior. La respuesta fue categórica: la administración Reagan. Dos funestos mandatos a lo largo de los ochenta; la época de la avaricia desmedida, donde se fraguaron las desregulaciones, los yuppies y se dio rienda suelta al todopoderoso dólar. Fue entonces cuando el materialismo capitalista de Wall Street invadió por completo a los Estados Unidos. Asistimos al nacimiento de un poderoso mundo corporativo que sólo sabe expresarse en términos de beneficio a toda costa. La industria del cine no se mantuvo al margen. Carpenter llegaba a 1988 con serias dificultades de financiación tras la discreta recepción de dos títulos considerados caros, “La Cosa” (1982) y “Starman” (1984). La escasa rentabilidad de “Golpe en la Pequeña China” (1986), otra producción de cierta envergadura, había puesto contra las cuerdas al realizador responsable del éxito de “La Noche de Halloween” (1978) y “La Niebla” (1980). Alejado de los “holgados” presupuestos de antaño, Carpenter dirigió sus pasos hacia proyectos más humildes. De este regreso al cine barato surgirían sus dos últimos films de los ochenta, “El Príncipe de las Tinieblas” (1987) y la película que nos ocupa, “Están Vivos” (1988); glorioso retorno a la ciencia ficción, con toques de terror y una pizca de comedia negra.

El relato corto de Ray Nelson, “Eight O’Clock in the Morning“, publicado en 1963, le sirve como inspiración a Carpenter para orquestar un divertido film de serie B que toma prestado el esquema narrativo del cómic “Nada” –historieta incluida en el recopilatorio “Alien Encounters“–. El protagonista de ambas obras (cómic y película), George Nada, es un trabajador de la construcción en paro que sufre directamente las consecuencias de la enésima crisis económica. Obligado a vagabundear en busca de empleo, quiere la providencia que este héroe improbable del proletariado descubra por casualidad una conspiración de alcance planetario. En un campamento de desarrapados, donde se cobijan las víctimas del capitalismo salvaje, Nada reposa después de una dura jornada laboral a cambio del salario mínimo. Entre camaradas de clase obrera, alienados por la publicidad catódica del mundo consumista, descubre una pequeña iglesia en la que se congrega un misterioso grupo de personas. Es allí, en ese edificio, dentro de una caja de cartón, donde encuentra unas gafas de sol que cambiarán su vida. La resistencia es en blanco y negro (contiene spoilers).

La secuencia en la que el gran Rody Pipper –luchador profesional de Wrestling al que Carpenter conoció en WrestleMania III– se pone las gafas y descubre la verdad, es una de las escenas más icónicas del cine de serie B (también de mi vida cinéfila). Primero observamos los mensajes subliminales, ocultos en vallas publicitarias y revistas; “obedeced”, “consumid”, “casaos y reproducíos”. Luego reparamos en el billete de dólar, con una reveladora leyenda que proclama: “Este es tu Dios”. La perplejidad que embarga a protagonista y público es absoluta. Totalmente flipados, recibimos el golpe definitivo que nos induce un estado de shock plenamente justificado: la aparición de ese grotesco ser cadavérico de ojos brillantes que, tras bajar de una fabulosa limusina, adquiere una revista en un kiosco callejero. Se destapa la conspiración. Aquí pasa algo muy raro y muy jodido. Son necesarias muchas respuestas para tantas preguntas. El primer paso parece obvio: resulta imperativo contar lo sucedido a alguien de confianza. Frank (Keith David), también obrero y compañero de Nada, es, a priori, el más indicado. Pero el tipo es terco de cojones y se niega en redondo a ponerse las gafas. Se inicia entonces una de las peleas más largas de la historia del cine; confrontación de más de cinco minutos de duración donde el albañil y el gaitero se dan de hostias sin medida alguna.

Tras la memorable ensalada de puñetazos y patadas, Frank lo ve claro: estamos ante una invasión de seres extraterrestres. La mayoría de los ricos y poderosos del planeta no son humanos, y el resto de ellos, los que sí lo son, han traicionado a su especie por el fulgor del vil metal. Sirviéndose de una tecnología muy superior a la nuestra, estos seres (junto a sus colaboracionistas terrícolas) controlan el subconsciente de la población a través de ondas de radiofrecuencia. El pueblo duerme, sumiso e inoperante ante los siniestros planes de unos “inversores” de más allá del sistema solar. La lectura política de esta obra es tan divertida e interesante como aguda y nutritiva; la crítica al sistema capitalista y a la sociedad de consumo, envuelta entre humor negro y sarcasmo, es de una contundencia inspiradora. Las austeras notas musicales de Carpenter, la presencia de la siempre enigmática Meg Foster y su impecable ritmo narrativo, completan una de las mejores propuestas del director de “Dark Star“. La cinta, que consiguió recaudar más de tres veces su presupuesto (de apenas 3 millones de dólares), fue considerada un fracaso de taquilla. Siempre los putos contables. Tras estrenar ocho estupendas películas a lo largo de la década de los ochenta, Carpenter iniciaría los noventa con un proyecto un tanto desconcertante, “Memorias de un Hombre Invisible”, su última aventura a la sombra de una major. Pero eso os lo contaré otro día.

Manu Castro (8/10)
@ManuCastroLSO
(27-12-2001)

 

• Lo mejor: ¿Qué te costaba ponerte las jodidas gafas, macho?
• Lo peor: No prestar atención a su trasfondo político.

 

jcar1

 

Están Vivos (1988)

 

Título Original: They Live | Género: Ciencia Ficción / Terror / Thriller | Nacionalidad: USA | Director: John Carpenter | Actores: Roddy Piper, Keith David, Meg Foster | Productor: Andre Blay, Larry J. Franco, Shep Gordon, Sandy King | Guión: Ray Nelson, John Carpenter | Fotografía: Gary B. Kibbe | Música: John Carpenter, Alan Howarth | Montaje: Gib Jaffe, Frank E. Jimenez

 

Sinopsis: Los extraterrestre están entre nosotros, se han infiltrado en nuestra sociedad y nos controlan. Solamente unos pocos les hacen frente, ayudados por unas gafas especiales con las que consiguen ver a las extrañas criaturas. Un trabajador encuentra casualmente una par de esas gafas que permiten ver a las personas tal y como son. Gracias a ellas descubrirá que importantes personajes de la vida política y social son en realidad extraterrestres. Durante su particular cruzada podrá observar cómo estos alienígenas han ido sembrando el mundo de mensajes subliminales con los que pretenden convertir a los hombres en una raza de esclavos.

 

 

Están Vivos (1988)