Resident Evil: Vendetta (2017)

 

Rencor putrefacto.

Ahora que la saga de videojuegos parece reconducir su errático rumbo con el “Resident Evil 7” –dejando atrás la acción más gilipollas, para retomar el survival horror primigenio–, y la saga cinematográfica de Paul W. S. Anderson llega a su fin –asfixiada por las mil y una ocurrencias que ha ido acumulando con los años–, la serie de películas CGI ambientadas en el universo “Resident Evil” estrena su tercera entrega (cuarta si incluimos también el corto animado por ordenador “Biohazard 4D-Executer“) con un despiste conceptual mayúsculo. Si tanto “Resident Evil: Degeneración” como “Resident Evil: La Maldición” fueron planteadas como nexos de unión argumental entre los videojuegos (“Resident Evil 4” y “Resident Evil 5” en el caso de la primera y “Resident Evil 5” y “Resident Evil 6” en el de la segunda), esta nueva “Resident Evil: Vendetta” se desliga de esta tendencia y desarrolla una trama incongruente que aborda un conflicto surrealista. Aquí la venganza la protagoniza un traficante de armas y terrorista (Glenn Arias) que se ha trastornado a base de bien después de perder a toda su familia y amigos durante un ataque perpetrado por un gobierno no especificado el día de su boda (un misil lanzado desde un dron acaba con el convite por la vía rápida). Muerta su esposa, al tipo se le va la pinza y decide utilizar las investigaciones de Umbrella, Neo-Umbrella y Tricell para crear un nuevo virus (el virus-A) que permite convertir a sus víctimas en feroces zombies, capaces de distinguir entre enemigos y aliados. ¡Fiesta!

Zombies selectivos, escotes, cuero y muchas chorradas. Chris Redfield va tras el terrorista con la intención de rescatar a la agente infiltrada de la BSAA, Cathy, y a su hijo pequeño Zack, ambos retenidos por Arias en una sombría mansión de una zona rural de México. Lo que pretende ser un homenaje al “Resident Evil” original, supone la parte más meritoria de una propuesta que se abandona pronto a la desidia de una narración saturada de disparates. En las lúgubres estancias de la gran casa, los zombies parecen recuperar parte del prestigio perdido, la capacidad de inquietar e incluso de aterrar; es un espejismo que dura poco. Enseguida volvemos a los derroteros habituales: acción desmesurada y tonterías varias. La mediocre coartada argumental la proporciona Rebecca Chambers (ahora una eminente investigadora especializada en virus tras su paso por los S.T.A.R.S.). También regresa Leon S. Kennedy; atribulado por sus vivencias, alcoholizado y en plena crisis existencial, en un primer momento se muestra díscolo y reticente a colaborar con sus ex compañeros. El cliché es demencial, los diálogos y el desarrollo de los personajes, mucho más. Llegados a Nueva York, a Leon se le quita la tontería y comienza un vergonzoso repertorio de cabriolas destinado a desbaratar los impresentables planes del energúmeno de Arias. La cinta recurre a la auto parodia y al espectáculo pirotécnico para maquillar las muchas incongruencias que plantea y los cabos sueltos que no se molesta en desarrollar (spoilers; la vacuna que trasforma a los zombies de nuevo en humanos, la familia del confidente…). Al final, esta ensalada de sinsentidos empalaga y causa ardor de estómago.

Manu Castro (3/10)
@ManuCastroLSO
(30-08-2017)

 

• Lo mejor: El apartado visual.
• Lo peor: Lo absurdo que resulta todo.

 

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Título Original: Biohazard: Vendetta | Género: Animación / Acción / Aventuras / Terror | Nacionalidad: Japón | Director: Takanori Tsujimoto, Alexander Von David | Actores: Kevin Dorman, Matthew Mercer, Erin Cahill | Productor: Kei Miyamoto, Takashi Shimizu, Hiroyasu Shinohara | Guión: Makoto Fukami, Joe McClean, Alexander Von David | Fotografía: – | Música: Kenji Kawai | Montaje:

 

Sinopsis: Cuando un implacable enemigo que busca venganza libera un nuevo virus mortal, el capitán de la BSAA Chris Redfield pide ayuda al agente Leon S. Kennedy y a la profesora Rebecca Chambers para salvar la ciudad de Nueva York.